Galdós. La familia de León Roch. Fragmento

La Familia de León Roch (1878) junto con Gloria (1877) podemos agruparlas porque en ambas se representa a dos parejas en las que el matrimonio se ve alterado por la intransigencia religiosa de uno de sus miembros.

En principio podemos considerar esta obra, de la que ofrecemos un fragmento, como un reflejo del krausismo, un intento de compaginar el racionalismo con la moral. En esta obra, León, un krausista y ateo convencido, se ve obligado a convivir con una esposa religiosa casi hasta el paroxismo.

Forma parte, como se puede comprobar fácilmente tras la lectura del fragmento, de las llamadas “novelas de tesis” en las que no cuesta mucho identificar la ideología de Galdós.

La familia de León Roch. Fragmento.

León miró con desdén á su esposa y le dijo solemnemente: «Yo no mato… por eso.

—¿Pues por qué? Yo creo que matas por todo… No se mata sólo á puñaladas: se asesina también á disgustos.

—Si se matara á disgustos, María, ya estaría yo muerto y enterrado. Este infierno de fuego lento, este constante disputar, esta recriminación nuestra, motivada por la discordancia radical en nuestro modo de pensar sobre las cosas de la otra vida y aun de ésta, son golpes sucesivos que matan, sí, matan más que el hierro y el plomo. Y este dolor de la separación de dos seres; esto de sentir que dos almas ya casi soldadas se separan, se separan, tirando cada cual de su lado… porque duele, duele mucho, hija… y esto de sentir el hueco solitario y frío allí donde estaba la forma y el calor de la persona amada, y verse solo, solo…»

Profundamente conmovido, León dejó de hablar.

«De esa separación—dijo María,—tienes tú la culpa, tú, por tu carácter rebelde á todo convencimiento, por tu ceguera, por tu obstinación de ateo y materialista. ¿Pues qué he hecho yo sino ofrecerte paz y unión?

—¿Qué has de ofrecer tú, si toda eres espinas, toda sequedad y dureza? ¿Qué ofreces tú sino una paz parecida á la de los sepulcros, la paz de una devoción embrutecedora, rutinaria, absurda? ¡Si en tí no hay verdaderos sentimientos, sino afanes caprichosos, una terquedad horrible y un misticismo árido y quisquilloso que excluye el amor verdadero…! No hables de paz tú, que te has revuelto contra mí, azuzándome y destrozándome el corazón con las garras de un fanatismo feroz… porque me haces el efecto de una arpía que en vez de veneno tiene una cosa que llamas fe, y con esa fe verdaderamente diabólica me has emponzoñado.

—¡Oh!—gritó María dándose apariencia de mártir;—insúltame á mi todo lo que quieras, pero no insultes mi fe; no blasfemes.

—Yo no blasfemo; yo digo que tú, tú sola, has hecho de nuestro matrimonio un grillete de presidiarios. ¡Tú, María, tú! Parece que no es nada, y sin embargo, ¡qué horrible cosa! Cuando nos casamos, tú creías á tu modo, yo al mío; tú tenías tus ideas, yo las mías… Es tan grande mi respeto á la conciencia ajena, que no traté de arrancarte tu fe; te dí libertad completa; jamás me opuse á tus devociones, ni aun cuando empezaron á ser exageradas y á enturbiar la alegría de mi casa.

 

Benito Pérez Galdós. La familia de León Roch, 1878

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