Fernán Gómez. Las bicicletas son para el verano. Epílogo

Este es el final de Las bicicletas son para el verano, (1982). Es una de las obras en las que se revisa de una forma sentimental, el periodo de la Guerra Civil. A Luis le ha comprado su padre en el verano del 36 una bicicleta pero el estallido de la guerra hace que las condiciones cambien radicalmente. En el fragmento quedan muy claras, a través del diálogo y la descripción, las consecuencias del conflicto.

EPÍLOGO


Campo muy cerca —casi dentro— de la ciudad. La luz de un sol pálido, tamizada por algunas nubes, envuelve las zonas arboladas y los edificios destruidos. Se oye el canto de los pájaros y los motores y las bocinas de los escasos coches que van hacia las afueras.(Por entre las trincheras y los nidos de ametralladoras pasean LUIS y su padre).

DON LUIS: Aquello era el Hospital Clínico. Fíjate cómo ha quedado.

LUIS: Eso es una trinchera, ¿no?

DON LUIS: Claro. Te advierto que quizá sea peligroso pasear por aquí. Toda esta zona estaba minada.

LUIS: Pero ya lo han limpiado todo. Lo he leído en el periódico. ¿Sabes, papá? Parece imposible… Antes de la guerra, un día, paseamos por aquí Pablo y yo… Hablábamos de no sé qué novelas y películas… De guerra, ¿sabes? Y nos pusimos a imaginar aquí una batalla… Jugando, ¿comprendes?

DON LUIS: Sí, sí…

LUIS: Y los dos estábamos de acuerdo en que aquí no podía haber una guerra. Porque esto, la Ciudad Universitaria, no podía ser un campo de batalla… Y a los pocos días, fíjate…

DON LUIS: Sí, se ve que todo puede ocurrir… Oye, Luis, yo quería decirte una cosa… Es posible que me detengan…

LUIS: ¿Por qué, papá?

DON LUIS: Pues… no sé… Pero están deteniendo a muchos… Y como yo fundé el sindicato… Y nos incautamos de las Bodegas…

LUIS: Pero ¿eso qué tiene que ver? Era para asegurar el abastecimiento a la población civil… Era un asunto de trabajo, no de política. Y aunque lo fuera: el Caudillo ha dicho que los que no tengan las manos manchadas de sangre…

DON LUIS: Ya, ya… Si a lo mejor no pasa nada… Pero están deteniendo a muchos, ya te digo, por cosas como ésa… Yo lo que quería decirte, precisamente, es que no te asustaras… Creo que hacen una depuración o algo así…

LUIS: ¿Y eso qué es?

DON LUIS: Pues… todavía no se sabe bien… Llevan a la gente a campos de concentración…

LUIS: ¿Como a los de las últimas quintas?

DON LUIS: Sí, algo así. Pero por estas cosas supongo que, al fin, acabarán soltándonos…

LUIS: Papá, hablas como si ya te hubieran detenido.

DON LUIS: Bueno, yo lo que quiero decirte es que, si pasa, no será nada importante. Pero que, en lo que dure, tú eres el hombre de la casa. Tu madre y tu hermana calcula cómo se pondrían las pobres… Tú tendrías que animarlas.

LUIS: Sí, no sé cómo.

DON LUIS: Pues les dices que, estando yo parado, al fin y al cabo, una boca menos.

LUIS: Qué cosas dices.

(Un silencio. El padre ha sacado un pitillo, lo ha partido y le da la mitad a su hijo. Lo encienden).

DON LUIS: (Dando una profunda bocanada). Qué malo es, ¿verdad?

LUIS: Sí, papá. Pero se fuma… Me parece que, te detengan o no, nos esperan malos tiempos, ¿verdad?

DON LUIS: A mí me parece lo mismo, pero hay que apechugar con lo que sea.

LUIS: Hay que ver… Con lo contenta que estaba mamá porque había llegado la paz…

DON LUIS: Pero no ha llegado la paz, Luisito: ha llegado la victoria. He hablado con doña María Luisa. ¿Te acuerdas que alguna vez le llevé un kilo de bacalao?

LUIS: Sí.

DON LUIS: Prometió pagarme el favor. Por mí no puede hacer nada, porque hay que esperar a que me depuren… Pero dice que un amigo suyo a ti podría colocarte.

LUIS: Bueno. Y al mismo tiempo estudio.

DON LUIS: Eso habíamos dicho. Al principio te será fácil porque la Física la sabrás de memoria.

LUIS: Sí, he estudiado bastante.

DON LUIS: Pero ¿has estudiado Física roja o Física nacional?

LUIS: Y… ¿de qué me puede emplear el amigo de doña María Luisa?

DON LUIS: (Antes de contestar echa una mirada de reojo a su hijo. Duda un poco y contesta con una sonrisa). De… de chico de los recados.

LUIS: ¡Ah!

DON LUIS: No he encontrado otra cosa, Luis. Pero él dice que es de mucho porvenir. Están montando una oficina de importación y exportación. Y, de momento, no son más que tres o cuatro, todos de la otra zona. Tú serías el quinto.

LUIS: Sí, el chico de los recados.

DON LUIS: Compréndelo. Hay que llevar dinero a casa —del que vale, no de las estampitas ésas— a gastar en trapos y en pinturas. Y lo de «chico de los recados» lo digo un poco en cachondeo. Es que dicen que al principio todos tendrán que arrimar el hombro, y habrá que llevar paquetes y cosas de un lado a otro.

LUIS: Ya, ya.

DON LUIS: Para ese empleo te vendría bien la bicicleta que te iba a comprar cuando pasase esto, ¿te acuerdas?

LUIS: Ya lo creo. Yo la quería para el verano, para salir con una chica.

DON LUIS: ¡Ah!, ¿era para eso?

LUIS: No te lo dije, pero sí.

DON LUIS: Sabe Dios cuándo habrá otro verano.

(Siguen paseando).

TELÓN

Fernando Fernán Gómez, Las bicicletas son para el verano, 1982

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