Feijoo. Falso milagro en Lisboa

En este fragmento del Teatro crítico universal, Feijoo deja claro el daño que hace a la iglesia un falso milagro.

Estando el Pueblo de Lisboa a la Misa Mayor en la Catedral un día festivo, advirtió uno del concurso que una imagen de Cristo crucificado, colocada en parte alta de la Iglesia tras de una vidriera, arrojaba de sí intensísimo resplandor. Al punto levantó la voz diciendo Milagro, milagro. Vieron los demás lo mismo, y todo el tropel repitió con gritería Milagro, milagro. Un hombre de origen hebreo, aunque de profesión católico, por su desgracia advirtió que aquel resplandor era reflejo de un rayo del sol, que entrando por un agujero hería en la vidriera que cubría el crucifijo: quiso sosegar el tumulto, mostrando a todos la realidad; pero como estuviesen allí algunos noticiosos del infecto origen de aquel hombre, sin detenerse a mirar lo que era tan fácil ver, alzaron el grito diciendo que aquel pérfido judío, perseverando en la obstinación de sus mayores, se oponía a la realidad de un milagro tan patente, sólo por negar aquella concluyente prueba de la verdad católica. Sin más proceso hicieron pedazos allí a aquel miserable. Y cuando con la sangre de este inocente se debiera aplacar tan injusta ira, creciendo el furor del vulgo, se disparó por todo el pueblo, buscando con las armas en la mano a cuantos eran sospechosos de origen hebreo, en quienes hicieron una horrible matanza. Lo peor fue que con la capa de ensangrentarse en los judíos mataron muchos a sus enemigos particulares. En fin, el destrozo fue tal, que se contaron tres mil muertos aquel día.
En este ejemplo se ve que los milagros fingidos no alimentan más que una falsa piedad, de quien es hijo legítimo el furor. Es totalmente contra la intención de Dios el que sus verdades se califiquen con embustes. Toda mentira tiene por autor al demonio; y no moviera su malignidad a los hombres a fingir prodigios, si conociera que la ficción nos había de confirmar en la fe, o estimularnos a la virtud.

Teatro crítico universal, Feijoo, 1726-1740

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