Epitafio de una dueña… Quevedo

La exageración más absoluta toma forma en este poema que muestra los excesos lingüísticos quevedescos y su profunda misoginia. 

EPITAFIO DE UNA DUEÑA, QUE IDEA TAMBIÉN PUEDE SER DE TODAS

 

Fue más larga que paga de tramposo,
más gorda que mentira de indiano,
más sucia que pastel en el verano,
más necia y presumida que un dichoso,

más amiga de pícaros que el coso,
más engañosa que el primer manzano,
más que un coche alcahueta, por lo anciano,
más pronosticadora que un potroso.

Más charló que una azuda y una aceña,
y tuvo más enredos que una araña,
más humos que seis mil hornos de leña.

De mula de alquiler sirvió en España,
que fue buen noviciado para dueña,
y muerta pide, y enterrada engaña.

Francisco de Quevedo

Los indianos, que buscaban fortuna en América, tenían fama de mentirosos.

Se refiere al coso taurino, lugar donde abundaban los pícaros.

Los coches eran frecuentemente lugares de citas.

Se refiere a los herniados, que tienen la facultad de prever el tiempo con su “potra”.

Mecanismos muy ruidosos relacionados con el agua.

Las mulas de alquiler no tenían muy buena prensa; de todas formas aquí se refiere a prostitutas

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