El lugar sin límites. José Donoso

 

ESTABLECIMIENTO: Instituto de Educación superior “Juan Carlos Dávalos”     Anexo El Galpón

ALUMNA:   Cantolla, Claudia Marcela

CURSO: 3º Año Profesorado de Lengua
CATEDRA: Literatura Hispanoamericana y Argentina

TEMA: Análisis de la Obra: “El Lugar sin Límites” de José Donoso:

Personajes.
PROFESOR: Favio Barqués           
Año: 2006
 
 
 
 
 
Personajes:
 
La Manuela:

Es el personaje central. Es la que tiene relación con todos los demás personajes de la obra.

Cuando comienza la narración, todos pensamos que Manuela es mujer:

“Dio un respingo, ¡claro!, abrió los ojos y se sentó en la cama: Pancho Vega andaba en el pueblo”. (Generalmente es  una mujer la que  piensa o siente  miedo por un hombre.) (Cap I, pág. 107)

Se cubrió los hombros con el Chal rosado (el tono rosa está asociado a un objeto de deseo: al calor, al amor carnal y al hogar soñado) revuelto en los pies del lado donde dormía su hija”. (Un chal rosado usa una mujer y las hijas generalmente duermen con la madre, no con el padre).  (cap I pág.107)

Pero por un juramento (de Pancho) nos enteramos de que no es así:

“A las dos me las voy a montar bien montadas, a la Japonesita y al maricón del papá”. (cap I pág. 108)

 

Manuela misma hace alusión a su sexo cuando dice: “que por tener la voz ronca y pelo en el pecho tienen derecho a insultarla a una”. (cap. I pág 117)

 

Con respecto a su profesión nos enteramos que fue en un tiempo pasado bailarina:

 “…la Manuela se ponía un vestido colorado(el rojo representa el impulso, la voluntad, el anhelo, la fuerza instintiva sexual, eleva el pulso, la presión sanguínea)  con lunares blancos, muy bonito y bailaba español”. (cap I. pág. 108)

 

A medida que avanza la novela, vemos que no vive sola con su hija, sino que convivía también con otras mujeres:

Lucy, Cloty, las cuales eran prostitutas: “tan buena que es con ella la señora, sabiendo lo que una es y todo…”, “…no era floja como las demás putas…

“La lucy regresó a su pieza…durmiendo engordando, por eso no tenía tan buena clientela”

 

Manuela y su hija la Japonesita eran ahorrativas: “como patrona era de lo mejor, todos los lunes iba a Talca en tren a depositar las ganancias en el banco” (cap. I pág 114)

 “jamás se compraba un vestido, ni siquiera otra cama para dormir cada una en la suya” (cap I pág. 114)

 
Aspecto físico de Manuela:

No tenía dentadura: “frotó su lengua contra su encía despoblada…” (cap I pág 107)

 

“…se acomodó sus dientes postizos…” (cap I pág 110)

“pequeña cara arrugada como una pasa, sus fosas nasales negras y pelosas de Yegua vieja…” (cap I pág 110)

Cejas depiladas: alzó sus cejas delgadas como un hilo” (cap I pág 114)

Tenía baja estatura y era delgada: “La manuela se paró en el marco iluminado de la puerta de la Lucy. Flaco y chico, parado allí en la puerta….” (PÁG 139)

 

Tenía tez oscura: “….y como yo soy tan negra, el colorado me queda regio” (cap VI pág 161)

 

Es un hombre de edad, pero cargado con la energía y fantasía de un ser joven a la hora de las fiestas: “y lanzaron a la Manuela al agua….se ahogaban de la risa, señalando a la figura que hacía poses y bailaba en el agua…… y cantando…

( pág 168)

Desde afuera, llega este personaje para insertarse en la vida de LA Estación El Olivo. Fue siempre peregrino desde que huyó de casa al saber que su padre lo golpearía por haber sido sorprendido con otro chiquillo. Después, vivió con una mujer que le enseñó a bailar español. De ahí su vida sería ir de casa en casa, de prostíbulo en prostíbulo. Quizás estos elementos de su historia, le significaron poseer una mirada profunda para hacerse solidaria en la historia con otros: «De una casa de putas a otra. Desde que tenía recuerdo…de una casa en otra, siempre, desde que lo echaron de la escuela cuando lo pillaron con otro chiquillo y no se atrevió a llegar a su casa porque su papá andaba con un rebenque enorme, con el que llegaba a sacarle sangre a los caballos cuando los azotaba, y entonces se fue a casa de una señora que le enseñó a bailar español. Y después ella lo echó, y otras, siempre de casa en casa, sin un cinco en los bolsillos, sin tener dónde esconderse y descansar…” (Cap VII   PÁG 174)

Así, descubrimos a la Manuela con un pasado no resuelto, con un origen perdido, con una historia que la hace arrancar del látigo paterno, para esconderse y refugiarse en otro látigo, el de don Alejandro Cruz, quien, abusando de su excentricidad, la hace víctima de sus sórdidos placeres.

Cuando Manuela mira su pasado, se descubre ruinoso, huyendo de un lugar a otro, siendo expulsada de todos los lugares donde intentaba redimir su historia. A pesar de este pasado ruinoso, ella intenta redimir esta situación al aceptar la propuesta hecha por Don Alejandro Cruz a la Japonesa. La apuesta consistía en que la Japonesa y la Manuela brindaran a los hombres el acto sexual. La Manuela, a pesar de negarse en un principio, piensa en su futuro, la única posibilidad de poder redimir su pasado: «Total. Era un rato. Los garbanzos no me gustan pero cuando no hay más que comer… total. Propietaria una. Nadie va poder echarme… y hay esperanza para una loca y fea como yo» (CAP VII PÁG 174)

Pero la Manuela, al aceptar la apuesta, logró que en su intento de redimir su pasado, se escribiera una nueva ruina en su historia, en su vida, puesto que quedará marcado por la paternidad y engendrará a la Japonesita.

 Cuando la apuesta hecha por Don Alejo está cumplida. En ese momento la Manuela siente que ha perdido. Su identidad está lejos de ser lo que había hecho: «Pero júrame Japonesa que nunca más, por Dios qué asco, júrame, socias, claro, pero esto no, nunca más porque ahora no existe ese tú, sino ese yo que ahora estoy necesitando tanto, y que quisiera llamar desde el rincón de este gallinero»(191).

Así la Manuela no quiere ser para la Japonesa ese tú (masculino, de ser Manuel González), pues, desde ese yo que anhela, o sea, como la Manuela, está su máxima redención y al mismo tiempo la experiencia misma de la muerte.

La Manuela pierde su propia identidad para poder hacerse cargo de su historia. La Manuela es Manuel González Astica. La Manuela, de este modo, pasa a ser el maricón, el homosexual y la puta del lugar. La que, a pesar de la pobreza, a pesar de toda la miseria circundante, no duda en ser el alma de todas las fiestas organizadas en el prostíbulo, no vacila, a pesar de su edad, en ser la artista del lugar: «Vieja estaría pero iba a morir con las plumas puestas…Si la fiesta se componía y la rogaban un poquito, no le costaba nada ponerse las plumas aunque pareciera espantapájaros y nada tuviera que ver con su número de baile en español. Para que la gente se riera, nada más, y la risa me envuelve y me acaricia y los aplausos y las felicitaciones y las luces, venga a tomar con nosotros lo que quiera mijita, lo que quiera, para que nos baile otra vez» (112)

En las primeras páginas del libro podemos ver que a Manuela no le simpatizaba Pancho Vega y hasta le tenía temor, esto se manifiesta cuando dice:

 “Gracias a Dios Pancho Vega tenía otra querencia ahora” (PÁG 107)

el idiota creía que era chistoso (tocar bocina de manera exagerada) (pág 107)

 “eso lo hago yo (bailar) para los caballeros, amigos, no para los rotos hediondos a patas como ustedes” (se refería a Pancho y a sus amigos.) (108)

“bien podía ser que hubiera oído esos bocinazos en sueños…. Tiritando se puso la camisa”. (110)

 

“…pero antes de salir debía cerciorarse de que Pancho se había ido..”

 

Dirigiéndose a Clotilde dijo:” Quiero mandarla. No ves que si Pancho anda por ahí, no voy a poder ir a misa?”. Dile a la Nelly que se asome por todos lados y me avise si ve el camión….” (111)

 

“¡Qué tanto miedo al Pancho Vega! Estos hombrones de cejas gruesas y voces gruesas eran todos iguales…”(112)

“….despojada de toda tensión por las noticias de Nelly: ni un camión, ni un auto en todo el pueblo.” (115)

A pesar del miedo y aparente rechazo que Manuela siente hacia Pancho Vega, es evidente que  siente algo más por él: “quién sabe porqué y en cuanto le dijeron que Pancho Vega andaba en el pueblo, le entró la tentación de sacar el vestido otra vez” (109)

 “Era una lástima que todos esos bocinazos fueran solo sueño…” (120)

 

Cuando llega el camión de Pancho a la casa después de un tiempo Manuela piensa que su hija lo espera, a la vez ella también lo hace: “… tiene ganas la tonta, y una también esperando, vieja verde…” (cap V)

 

“Esa bocina no cesaba…..pero igual que la manuela, sonreía”

Manuela tenía edad avanzada: “ya estás vieja para andar pensando en hombres y para salir de farra por ahí, quédate tranquila en tu casa…. Mirá que a la edad de nosotros….” (Pensaba Manuela). En el cap. IV, pág. 143 nos enteramos que tiene 60 años.

La Manuela era cobarde: se hallaba incapaz de enfrentarse a la violencia de Pancho para defender a su hija: ¿Quería que ella, la Manuela se enfrentara con un machote como Pancho Vega?……. tú pidiéndome que te proteja: si voy a salir corriendo a salir como una gallina. (cap IV, pág 142)

 

¡Que te defienda! Lo único que faltaba, y a una quién la defiende? (cap.IV, pág 143)

 

-me voy a esconder

– Papá, espere

– Me va a matar

– y ¿yo?

– Qué me importa… no tengo nada que ver con lo que te pase a ti. (186)

 

De vez en cuando, surgían discusiones entre el padre y la hija, discutían como si uno estaría desconforme del otro y viceversa:

 

Fue todo culpa de la japonesa grande, que lo convenció, que se iban a hacer ricos con la casa, que qué importaba la chiquilla…”

“Si quería que la defendieran que se casara o que tuviera un hombre” (pensaba Manuela cuando la Japonesita le pedía que la defendiera)(142)

 

“El años pasado, después de lo de Pancho su hija le gritó que le daba vergüenza ser un maricón como él.(142)

 

Manuel González no quiere ser papá de nadie y niega su identidad, o sea, niega su masculinidad y paternidad, otorgándose una condición femenina que no le pertenece  – «Déjame tranquila» (190), le responde a su hija. Pero esta condición no la deja imposibilitada de trascender, pues desde su nueva condición asegura ser la única que puede bailar hasta la madrugada y hacer reír a una sala llena de borrachos ((192)

Lo curioso es que Manuela, como padre, no pretendía para su hija “lo mejor” como cualquier padre desea, podría haber aconsejado a su hija, por ejemplo estudiar, ya que dinero ahorrado tenía, por el contrario, le sugiere que sea como él y su madre, como si no hubiera otra alternativa: ¿para qué te voy a defender? Acuéstate con él. No seas tonta, puta vas a tener que ser algún día…” (143)

 

Manuela no era una persona a la que se podía engañar fácilmente, se da cuenta cuando don Alejo algo pretende al querer comprar las casas del pueblo:

“¿Qué se le ha metido en la cabeza ahora que quiere comprar las pocas casas del pueblo que no son suyas?”

“Primero la casa de la Ludo, y ahora esta casa, que era de la Japonesita y suya”.(148)

Pero aún así la idea de irse al otro pueblo le agradaba: “¿Porqué no le hacemos caso a don Alejo?” “vámonos hija” (cap. V, pág 151))

Como la mayoría del pueblo, la Manuela también establece relaciones de dependencia con don Alejo. Para ella, el terrateniente es quien puede protegerla de los hombres del lugar que quieren hacerle daño, es la única esperanza de convertirse en estrella, en una verdadera artista, en una maravilla. Para la Manuela, don Alejandro es la esperanza: «…y hay esperanza hasta para una loca y fea como yo, y entonces la desgracia no era una desgracia sino que podía transformarse en una maravilla, gracias a Don Alejo, que me promete que las cosas pueden ser maravillosas, cantar, reírse y bailar en la luz de todas las noches para siempre» (174)

Sostiene la máscara que le permite soñar con ser mujer hasta que “parada en el barro de la calzada mientras Octavio la paralizaba retorciéndole el brazo, la Manuela despertó. No era la Manuela. Era él, Manuel González Astica. Él. Y porque era él iban a hacerle daño y Manuel González Astica sintió terror” (p. 208); es por ello que quiere cruzar el río y llegar adonde está Don Alejo, para seguir soñando porque es su opción de vida y para no volver a despertar jamás mas allá del límite lo esperaba don Alejo, que era el único que podía ayudarlo“don Alejo, don Alejo, él puede ayudarme…” (208)

LaJaponesita: Este personaje se caracteriza por ser la persona más sensata de la casa de prostitutas, hija de la Manuela, tenía 18 años. (121) ella es la encargada de recoger el dinero, depositarlo en el banco: “tan ordenada y ahorrativa. Todos los lunes en la mañana se iba a Talca a depositar las ganancias en el Banco”., y distribuirlo para que alcance a sustentar las necesidades de la casa. Tomando en cuenta que estas tareas son las que normalmente realiza un hombre, pero al ser homosexual el único hombre de la casa, ella se encarga de cumplir a cabalidad estas tareas.

Aspecto físico:

 

Era delgada: “aunque quisiera ser puta, la pobre, no le resultaría por lo flaca”.

 

pero la Japonesita creció y nadie podía dudar: flaca, negra, dientuda, con las mechas tiesas igualitas a la de la Manuela”.

 
No tenía lindo rostro: “… con esa cara no iba a llegar a mucho”
 

Sentía recelos por los hombres: “decía que no, que no quería que la anduvieran manoseando…. La tocaba un hombre y salía corriendo”.(121)

Además de ser la heredera del burdel, Mantenía el orden en la casa: “si la Japonesita no le decía que hiciera algo, qué se yo, algún trabajo de esos que aveces le gritaba que hiciera” (122)

La Japonesita pronto comprenderá que su vida ha sido un morir lentamente junto con el pueblo, que necesita entregarse a otro ser humano para superar esa soledad que la mata, para renacer y descubrir la riqueza de la existencia humana. Finalmente, la Japonesita decide entregarse a Pancho Vega, quien forzándola, logrará tenerla, aunque esa noche corra sangre: ” En fin, tiene razón. “Si voy a ser puta, mejor comenzar con Pancho” (cap IV)

La Japonesita, al final del relato, termina por cerrar la última puerta, poniéndole una tranca, como diciendo que de El lugar sin límites es imposible salir. Apagando la última vela, el último chonchón del burdel, entra a su pieza para meterse a la cama, sin encender una vela, para quedar en completa oscuridad, como la oscuridad del mismo pueblo sepultado por los arbustos y hojas del otoño.

La Japonesa: madre de la Japonesita fallecida hace cuatro años.

Aspecto físico:

 “grande y gorda, con los senos pesados como sacos repletos de uva, se escotaba.” (cap IV)

 

“Sus ojos miopes, que le valieron su apodo, no eran mas que dos ranuras oblicuas bajo las cejas dibujadas muy altas”

 

Igual que la Manuela era adicta a la bebida:

 “decían que murió de algo al hígado, de tanto tomar vino.” (cap IV)

 

…”ya tarde, se dejó caer en una silla en el medio del patio, bastante borracha…” (cap. VI).

 

              “Que pongan otra jarra…

La japonesa y don Alejo no tardaron en despacharse la primera y ya pedían la segunda.” (cap VI)

 

Fue amante de don Alejo: “en sus mocedades había tenido amores con don Alejo” (cap. VI)

La Japonesa era una prostituta cotizada: “…no habría las puertas de su casa a cualquiera. Siempre gente fina…” (Cap. VI)

Era conciente de sus necesidades, por una apuesta llega a ser propietaria de la casa en le que vivía y trabajaba: “cuando primero se habló de la apuesta había pensado pedir solo unos cuantos barriles de vino….pero después le dio rabia y pidió la casa. Quería ser propietaria”.

También era muy persuasiva, pues logra convencer a la Manuela de que la ayude a lograr su cometido: “te pago lo que quieras….a ti Manuela te traería siempre….no tengas miedo, no me tengas miedo…y si te quedaras como socia? ….Vamos a medias en todo”. (cap VII)

 

Estaba muy convencida de su poder de seducción: “ella puede exitarlo, está segura….exitarlo va a ser fácil, incluso enamorarlo” (cap VII)

 
 
PanchoVega:

Pancho es huérfano, hijo del mejor peón (ya fallecido) de Don Alejo (Fernando Soler) casado con Ema y tenía hija: Normita

 

Cuñado de Octavio por el cual sentía mucha admiración por “era el mas macanudo del mundo…..Era una suerte haberse casado con su hermana. Uno sentía las espaldas cubiertas” (185)

Poseía un camión rojo (signo inconfundible de su miembro viril), el cual  le daba la posibilidad de librarse de tiranas deudas y materializar sus sueños en la casita que quería su esposa y en el estudio de su hijita, pasaportes para una vida mejor (178)

 Frecuentaba en un tiempo pasado el pueblo donde vivía Manuela y el lugar donde ella trabajaba de bailarina: “ese hombrazo grandote y bigotudo que venía tanto al pueblo el año pasado”.

“ese con las cejas renegridas y cogote de toro, que yo antes, cuando era mas chiquillo lo encontraba tan simpático…” así se lo describía Manuela a Ludovinia. ((108)

Bebedor: “así le daba por tocar (la bocina) cuando estaba borracho

“Pero Pancho era tan bruto y tan borracho que no podía enamorar a nadie” (108)

Tenía amigos violentos igual que él: “Entonces Pancho y sus amigos se enojaron. Empezaron por trancar el negocio y romper una cantidad de botellas y platos…. Después mientras uno le retorcía el brazo, los otros le sacaron la ropa…….a la fuerza se lo rajaron entero”.(109)

 

Irresponsable, no paga sus deudas: “Le debe plata a don Alejo” (Ludovinia), deuda que Pancho considera saldada por todo los malestares que don Alejo

Le provocó cuando era un niño: “y su mano me toma de aquí del cuello , y yo me agarro de su manta pataleando, él tan grande y yo tan mínimo mirándolo…él mearrastra por los matorrales…” (182)

La figura de Pancho Vega, en todo momento, se asocia con un animal, sin definir cuál es: “el año pasado al muy animal se le puso entre ceja y ceja que bailara español” Manuela)(108)

Le dice Don Alejo Cruz: “¿Qué ya no conoces el camino hasta las casas donde naciste, animal?” (p. 130);

 Cuando pequeño, era mejor que estudiara: “que aprenda los números y a leer nomás para que no lo confundan con un animal.”(178)

Pancho Vega logra irse del pueblo. Se va a Talca convertido en un pequeño empresario. En el camino que recorre dejará las huellas que jamás querrá volver a caminar, él quiere ir más allá, quiere ir a otras cosas. No quiere volver, él quiere ir siempre hacia delante: «Inclinado sobre el manubrio, Pancho escudriña la oscuridad porque tiene que escudriñarla si no quiere despeñarse en un canal o injertarse en la zarzamora. Cada piedra del camino hay que mirarla, cada bache, cada uno de estos árboles que yo iba a abandonar para siempre. Creí que quedaba aquí esto con mis huellas, para después pensar cuando quisiera en estas calles por donde voy entrando, que ya no van a existir y no voy a poder recordarlas porque ya no existen y yo ya no podré volver. No quiero volver. Quiero ir hacia otras cosas, hacia delante» (184 )

La Manuela, es la que desencadena los impulsos ocultos de Pancho, libera sus deseos: En el lugar, el baile, el vino, el canto, son los elementos que contribuyen a la total entrega de Pancho a las seducciones de la Manuela. Ella baila y se contorsiona ante él, quien sin dudar sigue el juego, liberando su escondida homosexualidad.

Sucumbe ante la mirada sensual de ella, se funden en un beso que desenmascara al macho temeroso. Su cuñado se convierte en el juez mutilador, represor, que no permite ese desliz, la vulnerabilidad del rol machista es revelada.,“ Ya pues compadre, no sea maricón usted también” (207)

Cuando era chico, jugaba a las muñecas con Mónica (Hija de don Alejo) y todos se le reían, ahora,   sentía temor, de que pensaran y le dijeran ‘marica’ como en su infancia.

Tanto Manuela como Pancho son los representantes del interior y del exterior de ese pueblo y que uno sobre el otro ejercen una atracción a causa de su paradójica similitud: él, el hombre (ser) que no quiere evidenciar su homosexualidad (parecer), así como ella, el hombre (ser) que apuesta al travestismo para asumir el papel femenino (parecer).

DonAlejandroCruz: es el senador de la región. Un hacendado, dueño de las viñas que rodean al pequeño poblado de La Estación El Olivo, dueño también de parte del poblado mismo, incluido el prostíbulo, y para sus pretensiones políticas, las de ser parlamentario, dueño además de los votos de los habitantes del pueblo, conquistados con promesas de desarrollo (como dotar al pueblo de electricidad). Alejandro Cruz es aquí el nombre del titular del poder, el del patrón, el que maneja los hilos, visibles o invisibles, de unas voluntades sometidas (a regañadientes, como Pancho Vega, o entusiastamente, como el resto del pueblo), que terminan confirmando y sosteniendo esa titularidad.

Tal condición reviste al senador de una imagen divina para la gente del pueblo. Don Alejo juega a construir y destruir la identidad del pueblo y de quienes ahí viven, precisamente porque él es como un dios: «Aquí en el pueblo es como un Dios. Hace lo que quiere. Todos le tienen miedo. ¿No ves que es dueño de todas las viñas, de todas, hasta donde se alcanza a ver?. Y es tan bueno que cuando alguien lo ofende, como éste que te estaba molestando, después se olvida y los perdona. Es bueno o no tiene tiempo de preocuparse de gente como nosotros» (La Japonesa, CAP VI)

 Manuela  lo describe como un hombre tan bueno como Dios:
:

 “tan bueno él, si hasta cara de tatita Dios tenía…”

 

“Y tan bueno don Alejo. ¿Qué sería de la gente de la estación si él?

“tan alegre y nada de fijado” (tacaño)

 

“el caballero iba a conseguir que pusieran luz eléctrica en el pueblo”

 

don Alejo apreciaba (aparentemente) a la familia de Manuela: “que no sepa yo que te has ido a meter donde la japonesita a molestar a esa gente, que es gente buen, ya sabes.” (Le dijo a Pancho)

 
Hombre de avanzada edad: “con sus ojos como de loza azulina y sus bigotes y cejas de nieve
 

“Estoy viejo y me voy a morir y no quiero dejar asuntos sueltos por ahí…”

 
Inspiraba miedo y era autoritario: “Los obligó a portearse en forma comedida”

“Hace lo que quiere. Todos le tienen miedo” (lo dice la Japonesa, cap. VI)

 

Poseedor de muchas  propiedades: “Viñas y viñas y más viñas…. Tal vez no fueran todas de don Alejandro” (Manuela)

 

Odiaba a Pancho porque no terminaba de pagarle el dinero que le debía, cuando se lo cobraba lo trataba muy mal:

 “Te parece poca cosa, roto malagradecido?

                                          
“…además eres un cobarde de porquería.”
 

“por la memoria de tu padre te presté la plata. Y nada más que por eso note mando preso ¿oíste bien?

¿Qué, ya no conoces el camino hasta la casa donde naciste, animal?

En el capítulo V podemos observar que don Alejo, no es la persona más buena, como al principio nos lo mostraba Manuela: un senador preocupado de su gente, y el bienestar del pueblo, que se preocupa de ir a Talca en busca de electricidad, alcantarillado y escuela para el pueblo, en realidad, detrás de todos esos intereses para el pueblo existe también un propósito oculto, lo que el realmente quiere hacer es ser dueño de todo el pueblo y transformarlo en un anexo de sus viñas.

Esto lo deducimos por el hecho de que se muestra muy interesado en comprar primero la casa de Ludovinia: “Misia Blanca la vino a ver y me trajo un recado de donAlejo diciéndome que quería comprar la casa, ¿qué raro no?” (cap II)

Después quiere convencer a la Japonesita y a su padre de que le vendan la casa y se vayan al pueblo más cercano a vivir, porque la luz eléctrica no llegará nunca:

”No seas tonta andate a Talca a poner un negocio con la Manuela”

              la plata es de las dos, por partes iguales, no es cierto?

              sí, tendríamos que vender la casa…

              yo te la compro

Fue mujeriego cuando era joven: “claro que tiene señora….otra mujer más en Talca y qué se yo cuantas más en la capital

Para ganar las elecciones 20 años antes, se valió de múltiples promesas a los habitantes del lugar, entre ellas la “instalación de la luz eléctrica, (Manuela tenía 40 años, cuando le confirma a la Manuela y su hija, la japonesita, que la luz será algo imposible de concretar, tenía 60 años) que todo se va a ir para arriba como la espuma, que hará una población”.  “”a la gente les dio sus buenos pesos y quedaron tan contentos…. Además de su platita, a los que votaron por él les dio sus buenos tragos de vino y mató un novillo, para tener asado todo el día…..pero después desapareció…”

La mirada del don Cruz: hay un pasaje notable en la novela, el del primer encuentro de don Alejandro, recién elegido diputado, con la Manuela, el travesti, después de bailar, éste se acerca de pronto ala mesa en que está la Manuela y lo mira: “miró a la Manuela, que se estremeció como si toda su voluntad hubiera sido absorbida por esa mirada que la rodeaba, que la disolvía … Su escalofrío se prolongaba, o se multiplicaba en escalofríos que le rodeaban las piernas, todo, mientras esos ojos seguían clavados en los suyos…”. Aparentemente, es la mirada de un simple seductor, la mirada de alguien que juega el juego de la seducción, y sin embargo consigue la seducción, la Manuela al parecer admite su estado de seducida: “Los bajó”, dice el relato, refiriéndose a los ojos.

La frase “Los bajó” (los ojos) la podemos leer también como que al bajar los ojos, la Manuela declara su sumisión al poder de don Alejo, me lleva a pensar esto debido a que hay una frase en la misma escena donde dice Manuela: “¿Cómo no sentir vergüenza de seguir sosteniendo la mirada de esos ojos?” . Es la palabra vergüenza el centro de la frase. Vergüenza ante la mirada del poder, o el poder de la mirada, que la penetra y la domina, sin que ella pueda hacer otra cosa que dar el signo de su sumisión bajando los ojos.

Más tarde don vuelve a mirar, pero esta vez a través de la ventana, a la Manuela y la Japonesa en la cama, para asegurarse de que no haya engaño y de que si la Japonesa gana, lo haga limpiamente.

Como antes, podemos hacer otra lectura de esta mirada: La mirada es del poder, del dueño de tierras y casas, y también de sus habitantes. Es la mirada del patrón todopoderoso, asociado en la novela mediante múltiples signos a una suerte de Dios. Y para Dios, nada se oculta en el secreto, todo es visible.

Podemos  incluso decir:  don cruz, semejante a Dios, es dueño no sólo de tierras, casas y habitantes, sino también de las identidades sexuales: Cruz mirando a través de la ventana, aunque no diga nada y mire en silencio, podemos comprovar cómo su poder altera roles sexuales y determina identidades en este terreno. Bajo la mirada de Cruz, la Japonesa hace de hembra y de macha, y la Manuela, de macho y de hembra, como si las identidades sexuales fueran un juego, y ambos personajes, la Japonesa y la Manuela, unas marionetas movidas por la mirada de Cruz, , la del poder.   

LosnietosdedonAlejandro: callados, jovencitos y estudiosos: “estaban preocupados con los exámenes…”

 

Ludovinia: era una viuda, amiga de Manuela que vivía cerca de su casa.

Fue sirvienta de Misia Blanca, olvidadiza y repetidora: “ ni siquiera se acordaba que cosas tenía guardadas en la multitud de cajas…” “y para qué decir la gente, se le borraba toda…”

Tenía problemas con la vista: “la ludovina ya no podía ver el contenido porque estaba corta de vista” “casi ciega”

 

Ludovinia, ante la muerte de su marido, coloca en el ataúd sus anteojos y, por lo tanto, se queda sin ver. El objeto elegido para acompañar por toda la eternidad a su esposo no es casual: renuncia a la visión que implicaba la aceptación de un futuro sin viriles compañías. “Por Acevedo, decía, que era celoso. Para no mirar nunca otro hombre.”

Lucy: vivía en casa de Manuela, era prostituta, vaga y gorda: “allí se echaría en su cama comiendo pan, durmiendo, engordando”

Clotilde: Vivía en la casa de Manuela, también prostituta y  tenía una hija: Nelly. Era una mujer  muy guapa: “… trabajaba como una mula, sin protestar cuando la mandaban a arrastrar las cajas de botellas”.

 

“Además no era floja como las demás putas” (pensaba Manuela)

 
No era demasiado joven: “Qué otro trabajo quería a su edad” (pensaba Manuela)

MisiaBlanca: esposa de don Alejo, señora muy distinguida,  tenían una nena que estaba muerta: Moniquita. Tenía cabello rubio: “cuando la Moniquita se murió de Tifus, la señora desperada se cortó la trenza rubia…”

 

Octavio: padrino de la Normita, cuñado y compadre de Pancho a quien aprecia mucho:

              y qué hago con la cuestión de los fletes?

              No se preocupe, no ve que todos los camioneros de por aquí pasan por mi gasolinera y yo sé dónde hay mejores fletes de la región?” (cap VIII)

 

“en el sobrecito que le di tiene para pagarle la plata que le debe… págueme después sin urgencia, usted es de la familia” (cap VIII)

Es una figura respetable, imagen del progreso, no permite que Don Alejo humille a Pancho delante de la gente, aconseja a su cuñado para que de una vez por todas deje al viejo desgraciado, le pague, se independice y le cumpla a su hermana en la compra de una casa: “hay que empezar a vivir como la gente decente”.

Octavio no es del lugar y tiene una visión diferente del mundo, es como  el elemento “perturbador” de un orden viejo y decadente: Es el que advierte a Pancho sobre la real persona que es Alejandro Cruz: «Que no fuera tan inocente, que se diera cuenta de que el viejo jamás se había preocupado de la electricidad del pueblo, que era puro cuento, que al contrario, le convenía que el pueblo no se electrificara jamás. Que no era inocente, que el viejo era un macuco… Quiere que toda la gente se vaya del pueblo. Y como él es dueño de todas las casas y si no de todas, que le cuesta echarle una habladita al intendente para que le ceda los terrenos de las calles que eran de él para empezar entonces” (184)

DonCéspedes: viejo educado, tomaba todo el vino que quería, era de cara arrugada y llena de cicatrices.

LashermanasFarias: eran tres mujeres gordas, de vestidos de seda que tocaban instrumentos musicales y cantaban. (Época en la que la Japonesa grande vivía y era dueña del prostíbulo).

Rosita: prostituta, traída especialmente para don Alejo (cap. VI). No muy joven, de nalgas blanditas.

 

LaPechodePalo: Tenía un prostíbulo en la ciudad vecina y a ella le encargaba la japonesa mujeres para que trabajaran es su prostíbulo: ”encargó a su amiga la Pecho de Palo, que le mandara dos putas de refuerzo, otras para que tocara música y al maricón tan divertido que hacía números de baile (se refería a la Manuela).

Tenía más de sesenta (cálculo de la Manuela), con várices en las piernas.

Otros personajes: señorita Lila, Encargado del correo, Jefe de estación.

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