El Conde Lucanor. Comentario

Otro comentario de textos medievales, en esta ocasión basado en el cuento «Lo que le sucedió al rey con los burladores». A partir de él se intenta ver la relación con Cervantes y con un texto actual. 

EL CONDE LUCANOR. LO QUE LE SUCEDIÓ AL REY CON LOS BURLADORES

 

—Patronio, un hombre me ha propuesto un asunto muy importante, que será muy provechoso para mí; pero me pide que no lo sepa ninguna persona, por mucha confianza que yo tenga en ella, . Como yo sé que por vuestro claro entendimiento ninguno os propondría algo que fuera engaño o burla, os ruego que me digáis vuestra opinión sobre este asunto

—Señor Conde Lucanor —dijo Patronio—, para que sepáis lo que más os conviene hacer en este negocio, me gustaría contaros lo que sucedió a un rey moro con tres pícaros granujas .

—Señor conde -dijo Patronio-, tres pícaros fueron a palacio y dijeron al rey que eran excelentes tejedores, y le contaron cómo su mayor habilidad era hacer un paño que sólo podían ver aquellos que eran hijos de quienes todos creían su padre, pero que dicha tela nunca podría ser vista por quienes no fueran hijos de quien pasaba por padre suyo .

»Ellos montaron sus telares y simulaban estar muchas horas tejiendo. Pasados varios días, fue uno de ellos a decir al rey que ya habían empezado la tela y que era muy hermosa; también le explicó con qué figuras y labores la estaban haciendo, y le pidió que fuese a verla él solo, sin compañía de ningún consejero. Al rey le agradó mucho todo esto.

»El rey, para hacer la prueba antes en otra persona, envió a un criado suyo, El rey mandó después a otro servidor, que afamó también haber visto la tela.

»Cuando todos los enviados del rey le aseguraron haber visto el paño, el rey fue a verlo. Entró en la sala y vio a los falsos tejedores hacer como si trabajasen, mientras le decían: «Mirad esta labor. ¿Os place esta historia? Mirad el dibujo y apreciad la variedad de los colores». Y aunque los tres se mostraban de acuerdo en lo que decían, la verdad es que no habían tejido tela alguna. Cuando el rey los vio tejer y decir cómo era la tela, que otros ya habían visto, se tuvo por muerto, pues pensó que él no la veía porque no era hijo del rey, su padre, y por eso no podía ver el paño, y temió que, si lo decía, perdería el reino. Obligado por ese temor, alabó mucho la tela y aprendió muy bien todos los detalles que los tejedores le habían mostrado. Cuando volvió a palacio, comentó a sus cortesanos las excelencias y primores de aquella tela y les explicó los dibujos e historias que había en ella, pero les ocultó todas sus sospechas .

»Así siguió este asunto hasta que llegaron las fiestas mayores y pidieron al rey que vistiese aquellos paños para la ocasión. Los tres pícaros trajeron la tela envuelta en una sábana de lino, hicieron como si la desenvolviesen y, después, preguntaron al rey qué clase de vestidura deseaba. El rey les indicó el traje que quería. Ellos le tomaron medidas y, después, hicieron como si cortasen la tela y la estuvieran cosiendo.

»Cuando llegó el día de la fiesta, los tejedores le trajeron al rey la tela cortada y cosida, haciéndole creer que lo vestían y le alisaban los pliegues. Al terminar, el rey pensó que ya estaba vestido, sin atreverse a decir que él no veía la tela.

»Y vestido de esta forma, es decir, totalmente desnudo, montó a caballo para recorrer la ciudad; por suerte, era verano y el rey no padeció el frío.

»Todas las gentes lo vieron desnudo y, como sabían que el que no viera la tela era por no ser hijo de su padre, creyendo cada uno que, aunque él no la veía, los demás sí, por miedo a perder la honra, permanecieron callados y ninguno se atrevió a descubrir aquel secreto. Pero un hombre, palafrenero del rey, que no tenía honra que perder, se acercó al rey y le dijo: «Señor, a mí me da lo mismo que me tengáis por hijo de mi padre o de otro cualquiera, y por eso os digo que o yo soy ciego, o vais desnudo».

»El rey comenzó a insultarlo, diciendo que, como él no era hijo de su padre, no podía ver la tela.

»Al decir esto el hombre, otro que lo oyó dijo lo mismo, y así lo fueron diciendo hasta que el rey y todos los demás perdieron el miedo a reconocer que era la verdad; y así comprendieron el engaño que los pícaros les habían hecho. Y cuando fueron a buscarlos, no los encontraron, pues se habían ido con lo que habían estafado al rey gracias a este engaño.

»Así, vos, señor Conde Lucanor, como aquel hombre os pide que ninguna persona de vuestra confianza sepa lo que os propone, estad seguro de que piensa engañaros .

El conde pensó que era un buen consejo, lo siguió y le fue muy bien.

Viendo don Juan que este cuento era bueno, lo mandó escribir en este libro y compuso estos versos que dicen así:

A quien te aconseja encubrir de tus amigos

 más le gusta engañarte que los higos.

COMENTARIO DE TEXTO

SITÚA

1– Con lo que sabes del tema, sitúa la obra de don Juan Manuel en su contexto histórico.

COMPRENDE

1- ¿En qué consiste el problema del conde Lucanor?

2– ¿Qué consejo le da Patronio?

3– ¿Por qué el rey del cuento no quiere reconocer que no ve la tela?

4– Resume brevemente el cuento narrado por Patronio.

ANALIZA

1– ¿En cuantas partes puede dividirse este texto?

2– ¿Cuántos narradores hay?

INTERPRETA

1– Plantea un problema similar al que tiene el conde, pero que pueda darse en la época actual. ¿Crees que el consejo de Patronio es válido también en la actualidad? Justifica tu respuesta.

2– Miguel de Cervantes utilizó este mismo argumento en El retablo de las maravillas. Investiga sobre esto. ¿Hay otros escritores que lo han utilizado? ¿Qué?

3– ¿Eres una persona confiada? ¿Te parece que la desconfianza es una buena estrategia de defensa? Reflexiona sobre las ventajas y desventajas de desconfiar de los demás. Lee este texto y ofrece tu opinión al respecto.

La desconfianza tiene el origen en uno mismo; si nos creemos que estamos indefensos ante alguien desconfiaremos en mayor medida que si nuestra personalidad es fuerte y segura. La desconfianza surge del miedo a no saber defenderse, a verse indefenso ante la amenaza real o inventada de otra persona.

Las personas desconfiadas en extremo suelen ser personas temerosas, con una idea del “yo” bastante deprimida, lo que hace que se sientan tan vulnerables que se tengan que proteger casi continuamente y de cualquier situación. La tensión que acumulan y el círculo en el que se meten no hacen más que empeorar la situación: al desconfiar tanto de las personas que le rodean éstas se comportan de la manera proyectada en ellos y los desconfiados verifican sus hipótesis haciendo más sólida sus ideas acerca de la desconfianza.

La desconfianza: una señal de miedo

 

INVENTA

1– Redacta una carta a la sección de “Consejos” de una revista. Repartid vuestras consultas y elaborad para cada consulta una respuesta utilizando la moraleja de un cuento. Si no conoces ninguno que se ajuste a tus necesidades, puedes modificar uno ya existente o inventar tu propia narración.

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