Don Juan Manuel. El Conde Lucanor. CUENTO XVIII

Lo que le pasó a don Pedro Meléndez de Valdés cuando se le rompió una pierna.

En otra ocasión hablaba el Conde Lucanor con su consejero Patronio, diciéndole:

–Patronio, vos sabéis, que tengo un problema con un vecino que es un hombre muy poderoso y muy admirado. Apostamos entre los dos que el primero que llegara a una villa se quedaría con ella, y la perdería el otro. Vos sabéis que mi gente está siempre organizada y estoy seguro de que, con la ayuda de Dios, podría conseguir esta villa. A pesar de todo esto no lo puedo hacer porque no estoy bien de salud. Y aunque me duele perder la villa, os aseguro que para mí sería peor perder la salud que todo lo que este vecino pueda ganar, y yo no. Os ruego que me digáis con confianza lo que pensáis que debo hacer.

–Señor Conde Lucanor –dijo Patronio–, a pesar de que tenéis razón de quejaros, me gustaría contaros lo que le pasó a don Pedro Meléndez de Valdés, para que en ocasiones como esta nunca os equivoquéis. El conde le pidió que le contara el suceso.

–Señor Conde Lucanor –dijo Patronio–, don Pedro Meléndez de Valdés era un caballero muy admirado del reino de León, y tenía por costumbre cada vez que la pasaba alguna desgracia, siempre decía: «Bendito sea Dios, porque si Él lo hace esto es lo mejor».

Don Pedro era consejero y privado del rey de León. Sus enemigos por envidia le acusaron de una mentira y el rey, creyendo las acusaciones, ordenó matarlo.

Y estando don Pedro Meléndez en su casa, vino a buscarlo un enviado del rey. Los que le iban a matar estaban esperándolo a media legua de la casa. Con las prisas para cabalgar e ir a ver al rey se cayó de una escalera y se rompió una pierna. Y entonces los criados que lo acompañaban al ver la situación empezaron a criticarle diciéndole:

–¡Vaya, don Pedro Meléndez! ¡Vos, que decís que lo que hace Dios siempre es lo mejor, decidnos ahora ¿dónde está el bien que Dios os ha hecho?

El les respondió que no dudasen de que, puesto que se preocupaban tanto por él, al final verían que Dios había hecho lo mejor. Y aunque insistieran no cambiaría de idea.

Cuando los asesinos del rey que le estaban esperando, vieron que no venía, y supieron lo que le había pasado se volvieron para contarle al rey la razón por la que no habían podido cumplir su orden.

Don Pedro Meléndez estuvo mucho tiempo sin poder cabalgar. En ese tiempo el rey supo que las acusaciones que le habían hecho a don Pedro eran falsas y detuvo a los que las habían dicho. Fue el rey a ver a don Pedro para contarle la mentira que le habían contado, que había ordenado matarlo, y le pidió perdón por su error, recompensándole mucho. Y ordenó luego matar ante don Pedro a los que le habían acusado.

Y de esta manera premió Dios a don Pedro Meléndez, porque era inocente y porque era verdad lo que él siempre solía decir: «Todo lo que haga Dios siempre será lo mejor».

Y vos, señor Conde Lucanor, no os preocupéis por este problema que ahora tenéis y estad seguro de que todo lo que haga Dios siempre será lo mejor. Si de este modo lo hacéis, Él lo convertirá todo en bien. Pero debéis comprender que las cosas que nos pasan tienen dos aspectos: existen problemas que tienen solución, y otros que no. En los primeros debemos hacer todo lo posible para solucionarlos y no esperar que se solucionen por la voluntad de Dios o por la suerte, porque esto sería tentar a Dios, porque al tener el hombre inteligencia debe hacer todo lo que pueda para solucionar sus problemas. Pero en aquellas cosas que no tienen solución las personas deben pensar que se hacen porque Dios cree que es lo mejor. Y ya que esto que os ha pasado pertenece a las cosas que pasan por voluntad de Dios y a las que no se les puede dar solución, intentad convenceros de que si Dios lo hace, será lo mejor que os puede pasar. Y Dios hará que sea de este modo.

Al conde le pareció que Patronio le decía la verdad y le daba un buen consejo. Lo llevó a la práctica y le salió muy bien.

Y como a don Juan le pareció una historia ejemplar, lo mandó escribir en este libro e hizo los versos:

Non te quexes por lo que Dios fiziere,

ca por tu bien sería cuando Él quisiere

(No te quejes de lo que Dios te pueda hacer, pues su voluntad al final será buena para ti)

  1. Favorito
  2. Medida de longitud que equivale a 5 572 metros.

Texto procedente de ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA I (de la Edad Media al Barroco). Secciones Bilingües con lengua española en la República Checa

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