Don Juan Manuel. Capítulo X. El Conde Lucanor.

EJEMPLO X

DE LO QUE ACONTECIÓ A DOS HOMBRES
QUE FUERON MUY RICOS

–Patronio, bien reconozco a Dios que me ha hecho muchas mercedes, más de lo que yo le podría servir, y en todas las otras cosas entiendo que está la mi hacienda asaz con bien y con honra. Pero algunas veces me acontece estar tan apremiado por la pobreza que me parece que querría tanto la muerte como la vida. Y ruégoos que algún consuelo me deis para esto.

–Señor conde–dijo Patronio–, para que os consoléis cuando tal cosa os acaezca, sería muy bien que supieseis lo que acaeció a dos hombres que fueron muy ricos.

El conde le rogó que le dijese cómo había sido aquello.

–Señor conde Lucanor–dijo Patronio–, de estos dos hombres, el uno de ellos llegó a tan gran pobreza que no le quedó en el mundo cosa que pudiese comer. Y desde que hizo mucho por buscar alguna cosa que comiese no pudo haber otra cosa sino una escudilla de altramuces. Y acordándose de cuán rico solía ser y que ahora con hambre y con mengua había de comer los altramuces que son tan amargos y de tan mal sabor comenzó a llorar muy fieramente; pero con la gran hambre comenzó a comer los altramuces, y en comiéndolos estaba llorando y echaba las cortezas de los altramuces en pos de sí. Y él, estando en este pesar y en esta cuita, sintió que estaba otro hombre en pos de él y volvió la cabeza y vio a un hombre cerca de él, que estaba comiendo las cortezas de los altramuces que él echaba en pos de sí y era aquél de quien os hablé arriba.

Y cuando aquello vio el que comía los altramuces, preguntó a aquel que comía las cortezas que por qué hacía aquello. Y él dijo que supiese que había sido mucho más rico que él, y que ahora había llegado a tan gran pobreza y a tan gran hambre que le placía mucho cuando hallaba aquellas cortezas que él dejaba. Y cuando esto vio el que comía los altramuces, consolóse, pues entendió que otro había más pobre que él y que había menos razón por la que lo debía ser. Y con este consuelo, esforzóse y ayudóle Dios y buscó manera cómo saliese de aquella pobreza, y salió de ella y fue muy bienandante.

Y vos, señor conde Lucanor, debéis saber que el mundo es tal, y además, que nuestro Señor Dios lo tiene por bien, que ningún hombre haya cumplidamente todas las cosas. Mas, pues en todo lo otro os hace Dios merced y estáis con bien y con honra si alguna vez os menguan dineros y estáis en algún apremio, no desmayéis por ello, y creed por cierto que otros más honrados y más ricos que vos están tan apremiados, que se tendrían por pagados si pudiesen dar a sus gentes. y les diesen, aun mucho menos de cuanto vos les dais a las vuestras.

Al conde plugo mucho esto que Patronio dijo, y consolóse y ayudóse a sí mismo y ayudóle Dios, y salió muy bien de aquel apuro en que estaba.

Y entendiendo don Juan que este ejemplo era muy bueno, hízolo poner en este libro e hizo estos versos que dicen así:

Por pobreza nunca desmayéis,
pues otros más pobres que vos veis.

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