Diálogo en estilo directo

En este fragmento de Misericordia de Galdós, observamos la utilización del diálogo en estilo directo. Esta es una técnica narrativa muy útil que consiste en hacer que el lector se imagine a los personajes, no a través de las descripciones del autor, sino a través de los propios diálogos que se reproducen de forma “casi” literal. Estamos ante un narrador que se limita a observar, alejado del autor omnisciente que conoce todo de sus personajes, y que hemos visto en La Regenta, de Clarín. Observe el lector cómo a través de estos breves diálogos se reflejan el nivel social, moral y cultural de los personajes

Misericordia. Fragmento

A eso de las diez, la Casiana salió al patio para ir a la sacristía (donde tenía gran metimiento, como antigua), para tratar con D. Senén de alguna incumbencia desconocida para los compañeros y por lo mismo muy comentada. Lo mismo fue salir la caporala, que correrse la Burlada hacia el otro grupo, como un envoltorio que se echara a rodar por el pasadizo, y sentándose entre la mujer que pedía con dos niñas, llamada Demetria, y el ciego marroquí, dio suelta a la lengua, más cortante y afilada que las diez uñas lagartijeras de sus dedos negros y rapantes.

—¿Pero qué, no creéis lo que vos dije? La Caporala es rica, mismamente rica, tal como lo estáis oyendo, y todo lo que coge aquí nos lo quita a las que semos de verdadera solenidá, porque no tenemos más que el día y la noche.

—Vive por allá arriba—indicó la Crescencia—, orilla en ca los Paúles.

—¡Quiá, no, señora! Eso era antes. Yo lo sé todo—prosiguió la Burlada, haciendo presa en el aire con sus uñas—. A mí no me la da ésa, y he tomado lenguas. Vive en Cuatro Caminos, donde tiene corral, y en él cría, con perdón, un cerdo; sin agraviar a nadie, el mejor cerdo de Cuatro Caminos.

—¿Ha visto usted la jorobada que viene por ella?

—¿Que si la he visto? Esa cree que semos bobas. La corcovada es su hija, y por más señas costurera, ¿sabes?, y con achaque de la joroba, pide también. Pero es modista, y gana dinero para casa… Total, que allí son ricos, el Señor me perdone; ricos sinvergonzonazos, que engañan a nosotras y a la Santa Iglesia católica, apostólica. Y como no gasta nada en comer, porque tiene dos o tres casas de donde le traen todos los días los cazolones de cocido, que es la gloria de Dios… ¡a ver!

Benito Pérez Galdós, Misericordia, 1897

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