Salinas. Cero. Fragmentos

En la última parte el poeta camina entre los escombros de lo que identifica con otra nueva pasión de Cristo. Solo se escucha el ladrido de un perro contrastando con la destrucción total.

Sigo escombro adelante, solo, solo.
Hollando voy los restos
de tantas perfecciones abolidas.
Soy la sombra que busca en la escombrera.

Con sus siete dolores cada una
mil soledades vienen a mi encuentro.
Hay un crucificado que agoniza
en desolado Gólgota de escombros,
de su cruz separado, cara al cielo.
Como no tiene cruz parece un hombre.
Pero aúlla un perro, un infinito perro
—inmenso aullar nocturno ¿desde dónde?—,
voz clamante entre ruinas por su Dueño.

 


El monte Calvario. En este caso hay una comparación del holocausto de Hiroshima con la muerte de Cristo.

 

Aventura poética. Ediciones de David L. Stixrude. Ed. Cátedra. (Col. Letras Hispánicas, nº 135.)

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