Quevedo. ¡Ah de la vida! ¿Nadie me responde?

«¡Ah de la vida!»… ¿Nadie me responde? / Aquí de los antaños que he vivido! / La Fortuna mis tiempos ha mordido; / las horas mi locura las esconde.

Quevedo. ¡Cómo de entre mis manos te resbalas!

Uno de los poemas fundamentales en torno al tópico tempus fugit. Sin duda uno de los mejores sonetos de nuestra literatura.

Quevedo. Poderoso caballero es don Dinero

Existen varias versiones de este poema tan conocido. En principio esta es la incluida en El Parnaso español, de 1648. Un clásico de nuestra literatura cuya lectura recomiendo por su actualidad. 

Lope de Vega. Si os partiéredes al alba

Este poema es una recreación de las albadas medievales. Lope, al igual que tantos autores del barroco, tenían una especial predilección por los poemas de tradición oral medievales.

Lope de Vega. Lírica popular.

Una muestra de la enorme maestría de Lope para emular la lírica popular de tradición oral que tanta calidad le da a nuestra literatura.

Lope de Vega. De pechos sobre una torre

Alude a un hecho autobiográfico: el autor ha abandonado a su esposa Isabel de Urbina, a la que se refiere como Belisa, para enrolarse en la Armada Invencible.

Lope de Vega. Daba sustento a un pajarillo…

Probablemente estemos ante un texto metafórico en el que se encarna la figura de Lope. Probablemente este había vuelto con alguna de sus amantes al verla llorar.

Lope de Vega. Pues andáis en las palmas

De contenido religioso popular. Es un villancico puesto en boca de la Virgen. Una más de las maravillas que nos ofrece Lope de Vega.

Lope de Vega. Pastor que con tus silbos amorosos

Un clásico en los sonetos religiosos de Lope de Vega que desarrolla temas ya tratados anteriormente. En este cabe destacar la alegoría que se extiendo por todo el poema.

Lope de Vega. Cuando me paro a contemplar mi estado

Hay una relación directa entre este poema y otro de Garcilaso que, recordemos, ya era considerado un clásico en la época y como tal digno de imitación. 

Lope de Vega. A una calavera

Cuando se habla del Barroco y de su ideología pesimista no hay mayor forma que mostrarla con poemas como este en los que se percibe perfectamente. Lo mismo nos sirve si queremos mostrar la concreción de los tópicos.

Lope de Vega. ¡Oh libertad preciosa…

En este poema Lope recrea el tópico del menosprecio de corte y alabanza de aldea, versión renovada del “Beatus ille” horaciano.

Lope de Vega. Un soneto me manda hacer Violante

Uno de los poemas más famosos de Lope y prueba evidente de lo que significa tener facilidad para la poesía.

Anónimo. No me mueve, mi Dios, para quererte

Este poema fue publicado en 1628 y se ha atribuido a distintos autores. Hay que subrayar su concepto de amor desinteresado y la unión temática con la mística. Todo un clásico.

Lope de Vega. Cánsase el poeta de la dilación…

Como nunca llega el día de mañana en que la amada ha prometido corresponder al amor del poeta, este compara al Amor con un cuervo (avi negra como la noche y por el sonido que emite, cras, que en latín significa mañana).

Lope de Vega. A don Luis de Góngora

Siempre se publican poemas atacando a Góngora y se remarca la famosa enemistad con Quevedo; sin embargo aquí vemos cómo Lope le rinde admiración porque era consciente de su calidad. Bien es cierto que Lope también criticó a El Quijote y ahí no anduvo muy fino.

Lope de Vega. Ya no cogeré verbena

Tanto la verbena como la noche de San Juan tienen un simbolismo amoroso. La rosa roja simboliza la pasión y la azucena la pureza y la frialdad

Lope de Vega. A la noche

Sirviéndose de una prosopopeya de la noche que vacila entre la queja, la reconvención, el temor y la burla, el poeta se lamenta de la imposibilidad de sustraerse del poderío de aquélla, un poderío al que no cabe oponerse, y que no es otro que la necesidad de dormir y de entregarle, por tanto, buena parte de la vida.

Lope de Vega. Versos de amor

Este es el primer soneto de Rimas y sintetiza lo que luego va a ser el resto de este cancionero neopetrarquista. En él resume las ideas esenciales sobre el origen, naturaleza y finalidad de la poesía.

Lope de Vega. ¿Qué tengo yo…?

En este documento se muestran las contradicciones religiosas que Lope tuvo a lo largo de toda su vida.

Lope de Vega. Suelta mi manso

En este soneto conocidísimo Lope exhorta a un rival amoroso que le ha arrebatado a Elena Ososio que la deje volver con él.

Lope de Vega. Desmayarse, atreverse…

La técnica de utilizar opuestos se da también en el poema “Ir y quedarse” pero en este caso predomina la enumeración de adjetivos que califican el estado de ánimo del amante, no las acciones como en el otro.

Unamuno. No me mires así a los ojos…

Uno de los poemas más estremecedores sobre la educación es este que Unamuno dedica a su propio hijo

Quevedo. Vivir es caminar breve jornada

Esta idea de que “vivir es morir” procede del Heráclito cristiano. Los poemas del “Heráclito cristiano” que se nos han conservado en seis manuscritos, no se imprimieron nunca en vida del autor y tampoco parece que tuvieran mucha circulación.

Lope de Vega. Bien puedo yo pintar una hermosura

Este poema está dedicado a Juana Guardo, una de las amantes de Lope. En él, el poeta no se atreve a pintarla demasiado bella por no mentir al igual que lo han hecho pintores y escultores.

Lope de Vega. Libros quien os conoce y entiende

Lope encontraba, al igual que tantos autores, una especial atracción por la lectura en soledad que acrecentaba su ingenio y extendía su libertad.

Francisco de Aldana. El ímpetu crüel de mi destino.

En este soneto, Aldana anhela la muerte. Ya no estamos en el renacimiento, el mundo se empieza a convertir en algo desagradable y enemigo y la muerte se presenta como liberadora, sobre todo si ello supone encontrarse con algún querido amigo.

Francisco de Aldana. En fin, en fin, tras tanto andar muriendo

En este soneto el autor muestra su desilusión tras los afanes del mundo y plantea como única solución el encerramiento en sí mismo como respuesta al desaliento hallado. Es una actitud estoica que se desarrollará posteriormente en otros autores como Quevedo.

Lope de Vega. Mira Zaide que te aviso

Adoptando la forma de romance morisco cuenta un episodio de su vida: había reñido con su amante Elena Osorio porque había hecho públicas ciertas intimidades de su relación. El nombre que adopta Lope es Zaide.

Francisco de Aldana. Mil veces digo, entre los brazos puesto

Una fantástica escena amorosa, típicamente renacentistas, ofrecida por Francisco de Aldana, un autor apreciado por pocos y hace poco recuperado para nuestra literatura. Disfrútenlo. 

Ángel González. Discurso a los jóvenes

Discurso a los jóvenes – Audio por el autor De vosotros, los jóvenes, espero no menos cosas grandes que las que realizaron vuestros antepasados. Os entrego una herencia grandiosa: sostenedla. Amparad ese río de sangre, sujetad con segura mano el tronco de caballos viejísimos, pero aún poderosos, que arrastran con pujanza el fardo de los […]

Francisco de Aldana. Reconocimiento de la vanidad del mundo

Este soneto, a pesar de su aspecto barroco, ofrece una salida ascética: el ideal de vida retirada que también desarrolla Fray Luis. Destacar la utilización del lenguaje coloquial para tratar un tema serio.

César Vallejo. El poeta a su amada.

Amada, en esta noche tú te has crucificado / sobre los dos maderos curvados de mi beso, / y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,

Baltasar de Alcázar. Cabellos crespos, breves, cristalinos

Baltasar de Alcázar destaca sobre todo por su poesía humorística. Este soneto es una burla del petrarquismo que se descubre en los dos últimos versos del último terceto.

Calderón de la Barca. Estas que fueron pompa y alegría

Este famoso soneto pertenece a El príncipe constante, la famosa obra de Calderón y desarrolla el tema de la brevedad de la vida, un tópico literario de enorme repercusión en el barroco. 

Lope de Vega. No sabe qué es amor…

Lope era la absoluta contradicción entre sus deseos amorosos y su profunda religiosidad. En este soneto, dirigido a Dios, se plantea nuevamente la redención.

Francisco de Aldana. Mil veces callo, que romper deseo

Este poema, con la angustia que encierra, parece más propio del barroco que de la época en la que se escribió.

Luis Cernuda. Déjame esta voz

Déjame esta voz que tengo / lo mismo que a la pampa le dejan / sus matorrales de deseo / sus ríos secos colgando de las piedras.

Romancero. La ermita de San Simón

Un romance muy curioso sobre la influencia de la belleza de la dama sobre aquellos que la contemplan; y todo ello en un ambiente religioso.

César Vallejo. Heces

Esta tarde llueve como nunca; y no / tengo ganas de vivir, corazón. / Esta tarde es dulce. Por qué no ha de ser? / Viste gracia y pena; viste de mujer.

Juan Arolas. El navegante

De este autor casi desconocido del público en general publicamos tal vez el más conocido de sus poemas. Recuerden que se trata de un sacerdote haciendo poemas amorosos. 

Lope de Vega. Ir y quedarse…

La definición del amor a través de paradojas es típicamente barroca pero encuentra su antecedente en la poesía cancioneril del XV. Lope aumenta lo que en la poesía cancioneril se percibía de forma aislada.

Juan Arolas. Biografía.

El padre Juan Arolas, sacerdote de la orden educadora de las Escuelas Pías, es una de las figuras más curiosas y patéticas del movimiento romántico.

Hernando de Acuña. Soneto sobre la red del amor

A partir del tópico clásico el autor se plantea el origen de la mal llamada red del amor desarrollando la imagen de Cupido como niño con los ojos vendados. Su equivalente en la literatura griega es Eros.

Hernando de Acuña. Huir procuro el encarecimiento

El autor quiere utilizar este soneto para que los amantes futuros que lo lean queden advertidos del dolor que le ha ocasionado al autor y apartarse.

César Vallejo. Los pasos lejanos

Mi padre duerme. Su semblante augusto / figura un apacible corazón; / está ahora tan dulce… / si hay algo en él de amargo, seré yo.

Juan Arolas. Sé más feliz que yo

Un tipo curioso de nuestro siglo XIX como pueden ver en su biografía: sacerdote con una enorme capacidad para versificar y que desarrolló la línea más erótica del romanticismo español.

Romancero. Romance de la gentil dama y el rústico pastor

Este es el primer romance de tradición oral que se puso por escrito en 1421. Parece, por la forma de comportarse los personajes, que se inspira en las pastorelas francesas. Es curioso además cómo es la propia dama la que se describe

Ignacio Aldecoa. La despedida

En una tarde de verano, tres agricultores y una mujer y su sobrina viajan en tren. Los cinco ocupantes mantienen una conversación distante hasta que la monotonía del viaje se interrumpe con la llegada de un nuevo pasajero: Juan, un anciano que se separa por primera vez de María, su mujer. Un fantástico cuento.

Hernando de Acuña. En extraña pasión vivía contento

Un soneto sobre el proceso amoroso y la decepción posterior tras el rechazo. Un fantástico soneto de este poeta poco conocido pero de enorme calidad.

Hernando de Acuña. ¡Oh celos…!

Una elegante reflexión del autor renacentista en torno a los celos y a su procedencia. Sin duda, una maravilla poco conocida.

Sor Juana Inés. Este que ves…

Este soneto, con clarísimas referencias a Góngora sobre todo en el último verso, es una muestra de la continua evolución barroca hacia el pesimismo. Es un poema que la autora dedica a su propio retrato, que al igual que ella se convertirá en polvo, en sombra, en nada.

Lope de Vega. En las mañanicas

Esta letrilla de Lope está inspirada en la lírica popular que el pueblo cantaba en acontecimientos importantes. En este caso se inspira en las mayas, composiciones populares dedicadas a la llegada de la primavera tras el invierno.

Juana de Ibarbourou. La pequeña llama

Un fantástico soneto en la voz de la propia autora. Procedente de su libro «Las lenguas de diamante» de 1919.

Lorca. Baile

En la voz de Ana Fernández y procedente de Poética 2.0 añadimos este fantástico poema de Lorca con el acento andaluz que conviene.

Idea Vilariño. La soledad

En la voz de Vicente Gallego presentamos este poema de la escritora uruguaya. El audio original lo pueden encontrar en Poética 2.0

Jaime Siles. Acis y Galatea

Ese cuerpo labrado como plata, / ese oro, esa túnica, esa piel, / ese color que tiñe la escarlata / corola del pistilo de un clavel;

Gabriel Álvarez de Toledo. La muerte es vida.

La ruptura con el barroco en el siglo XVIII no fue ni rápida ni total. Algunos autores, con mucho criterio, no renunciaron ni a los mismos temas, ni a las mismas formas. Solo rechazaron los excesos del último barroco.

Gabriel Álvarez de Toledo. Biografía

Otro de los autores prácticamente desconocidos de nuestra literatura. Tras el Barroco el panorama de nuestra literatura ha sido prácticamente un erial. Eran autores incapaces de alcanzar la perfección de los clásicos pero de indudable calidad.

Hernando de Acuña. Con Ícaro de Creta se escapaba

Aprovechen este soneto narrativo para conocer la historia de Ícaro y de su padre Dédalo. En clase suele entusiasmar y forma parte del acervo común.

Concepción Arenal. Biografía

Escritora y activista social española (El Ferrol, 1820 – Vigo, 1893). Sorteando las dificultades que en su época se oponían al acceso de las mujeres a la universidad, Concepción Arenal estudió en Madrid derecho, sociología, historia, filosofía e idiomas (teniendo incluso que acudir a clase disfrazada de hombre).

Concepción Arenal. La pera verde y podrida

Una de las autoras olvidadas de nuestra literatura. Precursora del feminismo, nos muestra en este poema su concepto de la educación.

Alfonsina Storni. Tú me quieres blanca

Esta vez en versos de métrica corta vemos a Alfonsina Storni expresarse en un tono cercano y coloquial. Incluye el audio en la voz de Berta Singerman. El audio no coincide totalmente con el texto.

Miguel Hernández. Llegó con tres heridas

Llegó con tres heridas: / la del amor, / la de la muerte, / la de la vida.

Hernando de Acuña. Faetón

Faetón, el hijo del sol, pide a su padre el gobierno del sol durante un solo día; este se lo concede y… Sigan leyendo e interpreten en clave mitológica.

José Martí. Banquete de tiranos.

Este poema es extraordinario y tiene alguna de las imágenes más impactantes que he visto. En un mundo tal vez en exceso maniqueo, según la visión de Martí, se nos presenta en esta ocasión al tirano. Interpretado magistralmente por Pablo Milanés.

Claudio Rodríguez. Cómo veo los árboles ahora

Cómo veo los árboles ahora. / No con hojas caedizas, no con ramas / sujetas a la voz del crecimiento.

Francisco de Aldana. ¿Cuál es la causa, mi Damón…

Este soneto es un diálogo entre dos amantes que utilizan nombres poéticos, Damón y Filis,. Se preguntan por su pasión insatisfecha a pesar de haber unido sus cuerpos. Es un soneto cargado de sensualidad pero que valora enormemente la unión espiritual, más difícil que la unión física que, por otro lado, describe de forma muy explícita.

Claudio Rodríguez. Así el deseo…

Así el deseo. Como el alba, clara / desde la cima y cuando se detiene / tocando con sus luces lo concreto / recién oscura, aunque instantáneamente.

Juan Boscán. En la muerte de Garcilaso

Obsérvese en este soneto la desazón que Juan Boscán muestra ante la muerte de su amigo, con un claro tono elegíaco. Por otro lado cabe destacar la facilidad de la rima, en su mayor parte morfológica.

Antonio Gamoneda. Después de veinte años

Después de veinte años. Cuando yo tenía catorce años, me hacían trabajar hasta muy tarde. Cuando llegaba a casa, me cogía la cabeza mi madre entre sus manos. Yo era un muchacho que amaba el sol y la tierra y los gritos de mis camaradas en el soto y las hogueras en la noche y […]

Francisca Aguirre. Los trescientos escalones

Estaba todo quieto en la casa apagada. / Hasta el día siguiente, hasta sabe Dios cuándo / el silencio reinaba como un ídolo antiguo.

Francisca Aguirre. No os confundáis

Y cuando ya no quede nada / tendré siempre el recuerdo / de lo que no se cumplió nunca. / Cuando me miren con áspera piedad / yo siempre tendré / lo que la vida no pudo ofrecerme.

Miguel Hernández. Umbrío por la pena…

Umbrío por la pena, casi bruno, / porque la pena tizna cuando estalla, / donde yo no me hallo no se halla / hombre más apenado que ninguno.

Juan Chabás. Árbol de ti nacido

Pocas veces se ha cantado con tanta intensidad el amor entre un hombre al final de sus días y una joven como lo ha hecho Juan Chabás en este poema. Léanlo con esa clave y podrán apreciarlo en su intensidad.

Miguel Hernández. Nanas de la cebolla

Este poema está motivado por una carta en la que su mujer, mientras él está en la cárcel, le comunica que solo come pan y cebolla. Realmente estremecedor poema.

Miguel Hernández. Como el toro

Como el toro he nacido para el luto / y el dolor, como el toro estoy marcado / por un hierro infernal en el costado /y por varón en la ingle con un fruto.

Rafael Alberti. Lo que dejé por ti

Tras la guerra civil la nostalgia del país perdido se convierte en uno de los temas fundamentales, o al menos recurrente, de algunos poetas, entre ellos, Alberti.

Francisca Aguirre. Frontera

Esta autora fue Premio Nacional de las Letras en 2018, murió este año y ha pasado, a pesar de su importancia, totalmente desapercibida para el público en general. Recitado por la propia autora y dedicado a Machado

Góngora. Mientras por competir…

A partir del famoso poema de Góngora tendrás que ir rellenando diversas palabras que hemos desplazado y reconstruyendo el poema.

Garcilaso de la Vega

Un ejercicio interactivo en torno a uno de los sonetos más conocidos de Garcilaso. Completen los huecos que faltan y señales los adjetivos. A ver si lo recuerdan.

Luis Alberto de Cuenca. Sin miedo ni esperanza

Y de repente vuelves del infierno / con un traje de noche impresionante / que recuerda al que Dale Arden se puso

Miguel D’Ors. Camino de imperfección.

Joven, / yo era un vanidoso inaguantable. / «Esto va mal», me dijo un día el espejo. / «Tienes que corregirte».

Miguel D’Ors. Es una cosa extraña

Es una cosa extraña ser poeta, / es una cosa extraña sentir la propia vida / llena de muchedumbres,

Lorca. Soneto de la dulce queja

Tengo miedo a perder la maravilla / de tus ojos de estatua y el acento / que de noche me pone en la mejilla / la solitaria rosa de tu aliento.

Francisco Brines. Mis tres fauces

El perro aquel aulló varios veranos / siempre solo en la casa abandonada. En la voz del propio autor. Carpe diem

Francisco Brines. Muros de Arezzo

Dentro de aquella descarnada iglesia / la nave era una sombra, cuyo aliento / era un vaho de siglos, y en la hondura / vimos la luz sesgando el alto muro.

Antonio Gamoneda. Invierno

Siempre me sorprenden los primeros versos de este poema. La inmensa calidad de este autor (Premio Cervantes, Nacional de Literatura, etc) y el desconocimiento generalizado de su obra y de su personalidad me cautivan profundamente.

Ángel González. Penúltima nostalgia

A partir de diversos instrumentos musicales (de cuerda, percusión y viento) rememora el tiempo feliz vivido desde un punto de vista social, no personal, y lo opone violentamente al olvidado (distribuido curiosamente en la penúltima estrofa como ya aludía en el título) que resume con cuatro palabras; cadáveres, asesinos, revólver y pistola

Fray Luis. Oda a la vida retirada

Un clásico de nuestro renacimiento en el que se desarrollan los tópicos más conocidos. Poema claramente representativo de la ascética y además con audio. Disfruten.

Miguel D’Ors. ¿Cómo llamar al ave…

Muchos son los poetas que se han preguntado por las limitaciones de la lengua para captar la realidad en un poema, sin embargo este es uno de los más bellos. Disfrútenlo.

Francisco Brines. Alocución pagana

¿Es que, acaso, estimáis que por creer / en la inmortalidad, / os tendrá que ser dada?

Luis García Montero. El pasado

Después de atravesar / por las últimas casa humilladas / y de sufrir el vaho / de los desmontes y los vertederos, / la carretera sube al aire limpio / en favor de la luna interrumpida / ya mucho tiempo.

Luis García Montero. La inmortalidad

Nunca he tenido dioses / y tampoco sentí la despiadada /voluntad de los héroes. / Durante mucho tiempo estuvo libre / la silla de mi juez / y no esperé juicio / en el que rendir cuentas de mis días.

Antonio Gamoneda. Diván en Nueva York

Tú en la tristeza de los urinarios, ante las cánulas de bronce / (amor, amor en las iglesias húmedas);

Antonio Gamoneda. Claridad sin descanso

Vi lavandas sumergidas en un cuenco de sangre y esta vision ardió en mi.

Antonio Gamoneda. Siento el crepúsculo

Un poema con el que se cierra un libro genial de este autor ganador del Cervantes. Leído por él mismo. Siento el crepúsculo en mis manos. Llega a través del laurel enfermo. Yo no quiero pensar ni ser amado ni ser feliz ni recordar. Sólo quiero sentir esta luz en mis manos y desconocer todos […]

Antonio Gamoneda. Aviso negro

Nada se esconde al gavilán inmóvil; / arden sus ojos amarillos / y esta es su narración:

Luis García Montero. El insomnio de Jovellanos

Porque sé que los sueños se corrompen, / he dejado los sueños. / El mar sigue moviéndose en la orilla.

Rafael Alberti. Prólogo. Sueño del marinero.

Yo, marinero en la ribera mía / posada sobre un cano y dulce río / que da su brazo a un mar de Andalucía, Disfrútenlo en la voz de Nuria Espert.