Blas de Otero. Hombre

Blas de Otero. Hombre.

Según Alarcos, en la poesía de Blas de Otero el tema esencial es el problema del hombre: primero el yo, luego el yo y el tú y, finalmente, el nosotros. El tema del yo es el de la muerte y la pervivencia y, correlativamente, el de la nada y Dios, como negadora y creado, respectivamente de eternidad. El Dios de Otero es el del Antiguo Testamento, para nada aparece el aspecto humano del Dios encarnado en Cristo.

El ritmo es digno de atención en los cuartetos destacan las continuas rupturas acordes con el tono desgarrado del poema. Los encabalgamientos abruptos son continuos, al contrario que en los tercetos en que desaparecen.

Ante la lucha con la muerte, Dios se esconde, es sordo y mudo, pero su presencia es cruel: corta la mano del hombre implorante, saja sus ojos… y el hombre se derrumba al comprender su triste condición.

El ángel con grandes alas de cadenas es un Prometeo incapaz de alcanzar la inmortalidad.

Hombre

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser —y no ser— eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

Blas de Otero. Ángel fieramente humano, 1950

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