Antonio Orejudo. Fabulosas narraciones por historias. Fragmento

Esta es una de las obras más originales de la literatura actual, no solo por la utilización de distintos narradores o el intercalado de consultorios sentimentales o anuncios por palabras, sino también por la desmitificación que lleva a cabo de la Generación del 27 y de la Residencia de Estudiantes. Si lo dudan, lean este fragmento e intenten identificar al tal Federico.

Fabulosas narraciones por historias. Fragmento.

Federico era moreno, de ojos oscuros y piel aceitunada. No muy alto, tenía las espaldas caídas, el culo gordo y las piernas quizá un poco cortas respecto al tronco. Había escuchado de pie, frente al piano, la definición de su carácter y de su poesía, y sonreía, complacido, al aplauso general. Para empezar tocó dos canciones de cuna y una sonata, compuestas por él; a continuación leyó cinco piezas inspiradas en el romancero popular, cantó tres murgas, entonó dos habaneras y leyó completo el libreto de una función para títeres que acababa de terminar, utilizando una voz distinta para cada uno de los veinte personajes que aparecían. Tras el intermedio, imitó a Primo de Rivera y al rey Alfonso XIII; jugó a las adivinanzas; recordó anécdotas sucedidas en los cuatro años que llevaba viviendo en la Residencia de Estudiantes, intercalando entre ellas los célebres pasodobles En er mundo, Suspiros de España, España cañí, El gato montés e Islas Canarias; recitó su último poema, Romance sonámbulo, inspirado en una tragedia rural; y se disfrazó de enemigo de la Residencia y de Benito Pérez Galdós. Para terminar, como otros años, se tumbó en el escenario y simuló estar muerto durante unos minutos. Fue en ese momento, aprovechando el silencio de la muerte y el aburrimiento de los presentes, cuando el Temario se subió a su silla y empezó a gritar:

¡Juanito Giménez, la mayoría de nosotros queremos que te vayas! Óyelo de una vez: no queremos que te quedes. Tu presencia altera nuestro ritmo de vida. ¡Aquí sólo cuentas con la simpatía de los cuatro escritorzuelos y poetuchos que quieren publicar; los demás queremos que te vayas, queremos que te largues, óyelo de una vez!

Pero Juan Ramón Jiménez no oía porque los Ultras habían empezado a aplaudir, siguiendo el ejemplo de don José Moreno, para ensordecer con su estruendo las palabras del Temario. El director le hizo salir rápidamente del Salón de Té; les siguió la plana mayor de los ilustres invitados, y Moreno corrió tras ellos para que nadie puchera decir que no había hecho nada cuando vio que Alburquerque callaba al Temario de una patada en el pecho, y que no había impedido que el Cantos le pusiera un pie en el cuello y le dijera al oído con amor infinito:

—Cristóbal Heado, alias Temario, escúchame bien porque no voy a volver a repetírtelo: no seas tonto y no te comprometas. Deja que el tipo este, Giménez o como se llame, viva aquí o haga lo que le salga de los cojones. Ni a ti ni a mí nos importa un carajo. Es una cuestión de dinero, de mucho dinero, y hay gente gorda metida por medio. Me han dicho que te pegue un tiro si sigues jugando al rebelde, así de claro. Hemos sido muy amigos, y tú sabes, Cristóbal, que me jodería que te cagas el matarte.

Dicho lo cual, le machacó la boca de tres taconazos.

Antonio Orejudo, Fabulosas narraciones por historias, 1996

 

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