Antonio Gamoneda. El vigilante de la nieve

Junto con Lápidas (1986), Libro del frío (1992) cierra una etapa poética de Gamoneda dominada por la anticipación de la muerte. En el año 2000 le añadió una addenda con la colaboración gráfica de Antoni Tàpies. Audio en la voz del autor que recita parcialmente el poema.

El vigilante de la nieve

 

Vigilaba la serenidad adherida a las sombras, los círculos donde se depositan flores abrasadas, la inclinación de los sarmientos.

Algunas tardes, su mano incomprensible nos conducía al lugar sin nombre, a la melancolía de las herramientas abandonadas.

Cada mañana ponía en los arroyos acero y lágrimas y adiestraba a los pájaros en la canción de la ira: el arroyo claro para la hija dulcemente imbécil; el agua azul para la mujer sin esperanza, la que olía a vértigo y a luz, sola en el albañal entre banderas blancas, fría bajo la sarga y los párpados ya amarillos de amor.

Era incesante en la pasión vacía. Los perros olfateaban su pureza y sus manos heridas por los ácidos. En el amanecer, oculto entre las sebes blancas, agonizaba ante las carreteras, veía entrar las sombras en la nieve, hervir la niebla en la ciudad profunda.

 

Antonio Gamoneda, Libro del frío, 1992

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