Anónimo. El Lazarillo. Tratado III. Fragmento

Anónimo. El Lazarillo de Tormes.

Vamos a ver un fragmento del Tratado Tercero de El Lazarillo de Tormes (1554) en el que el protagonistas se asienta con un escudero, símbolo de varios vicios de la época que el anónimo autor va a criticar.

Al encontrarse con el escudero, cuyo nombre desconocemos, Lázaro piensa haber dado fin a sus penalidades, pero el tiempo pasa y en su nueva casa nadie come. Tanto es así que se verá obligado a mendigar comida que comparte con su amo.

El vicio que en este fragmento se critica es la honra entendida como la opinión que los demás tienen de ti y que condena al escudero a la continua simulación para salvaguardarla.

Veamos ahora en este fragmento el “alarde” de hipocresía que utiliza el escudero para lograr comer la modesta comida de Lázaro sin reconocer que pasa hambre.

Tratado tercero. Fragmento.

Cuando llegué a casa, ya el bueno de mi amo estaba en ella, doblada su capa y puesta en el poyo, y él paseándose por el patio. Como entré, vínose para mí. Pensé que me quería reñir la tardanza, mas mejor lo hizo Dios. Preguntóme dó venía.
Yo le dije:–Señor, hasta que dio las dos estuve aquí, y de que vi que Vuestra Merced no venía, fuime por esa ciudad a encomendarme a las buenas gentes, y hanme dado esto que veis.

Mostrele el pan y las tripas, que en un cabo de la halda traía, a la cual él mostró buen semblante, y dijo:

–Pues esperado te he a comer, y de que vi que no viniste, comí. Mas tú haces como hombre de bien en eso, que más vale pedirlo por Dios que no hurtarlo. Y así Él me ayude como ello me paresce bien, y solamente te encomiendo no sepan que vives conmigo, por lo que toca a mi honra;

Sentéme al cabo del poyo, y porque no me tuviese por glotón, callé la merienda, y comienzo a cenar y morder en mis tripas y pan, y disimuladamente, miraba al desventurado señor mío, que no partía sus ojos de mis faldas, que, a aquella sazón servían de plato. Tanta lástima haya Dios de mí como yo había de él, porque sentí lo que sentía, y muchas veces había por ello pasado, y pasaba cada día. Pensaba si sería bien comedirme a convidalle; mas, por me haber dicho que había comido, temíame no aceptaría el convite. Finalmente, yo deseaba que el pecador ayudase a su trabajo del mío y se desayunase como el día antes hizo, pues había mejor aparejo, por ser mejor la vianda y menos mi hambre.

Quiso Dios cumplir mi deseo, y aun pienso que el suyo, porque, como comencé a comer y él se andaba paseando, llegóse a mí y díjome:

–Dígote, Lázaro, que tienes en comer la mejor gracia que en mi vida vi a hombre, y que nadie te lo verá hacer que no le pongas gana, aunque no la tenga.

–¡La muy buena que tú tienes», dije yo entre mí, «te hace parecer la mía hermosa!

Con todo, paresciome ayudarle, pues se ayudaba y me abría camino para ello, y díjele:

–Señor, el buen aparejo hace buen artífice. Este pan está sabrosísimo, y esta uña de vaca tan bien cocida y sazonada, que no habrá a quién no convide con su sabor.

–¿Uña de vaca es?

–Sí, señor.

–Dígote que es el mejor bocado del mundo, y que no hay faisán que ansí me sepa.

–Pues pruebe, señor, y verá qué tal está.

Póngole en las uñas la otra y tres o cuatro raciones de pan de lo más blanco, y asentóseme al lado y comienza a comer como aquel que lo había gana, royendo cada huesecillo de aquéllos mejor que un galgo suyo lo hiciera.

–Con almodrote–decía–es este singular manjar.

–Con mejor salsa lo comes tú –respondí yo paso.

–¡Por Dios, que me ha sabido como si yo no hubiera comido bocado!.

–¡Ansí me vengan los buenos años como es ello! –dije yo entre mí.

Anónimo. Lazarillo de Tormes (1554)

Comments

  1. Ana Navarri dice

    No me parece adecuado utilizar un «tú impersonal» en la introducción al fragmento. Es una expresión del ámbito oral y coloquial que está invadiendo los textos formales, exámenes, comentarios de texto… que los docentes debemos evitar para ser modelo de escritura formal de nuestros alumnos.

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