Amor se escribe sin hache. Fragmento

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Presentamos aquí un texto dialogado de Enrique Jardiel Poncela que es ideal para trabajar la coherencia y adentrar al alumnado en conceptos básicos de los textos y de las innovaciones teatrales.

La vida extraordinaria que se ve obligada a llevar una protagonista de novela para no dejar de serlo.

Toilette

— ¿Doy polissoir?

— No. Dé barniz, Elisa.

— ¿Doy barniz?

— No, Fernández. Dé usted polissoir.

— ¿Masaje en los hombros y en el rostro?

— Sólo en la cara, Asunción.

— ¿El pelo, garçon o boule?

Boule, como siempre, monsieur Robert.

— ¿La señora se arregla hoy también la nuca?

— Únicamente las axilas, Guzmán.

— ¿Le pongo a la señora en los ojos kohol o antimonio o «humo de sándalo» o rimmel?

— Ponme parafina, Juanita. Al sonreír se me hacen unos pliegues odiosos.

— ¿Qué va a fumar la señora? ¿«Abdulla»? ¿«Capstan»? ¿«Ombos»? ¿«Turkish Teofaní»?¿«Selectos de Oriente»? ¿«London Idol»? ¿«El Fayun», de Batschari? ¿«Egipcios Luxor»? ¿«Colombos Aristocráticos»? ¿«Rose of Stamboul»? ¿«Miss Blanche

»? ¿«Nadir»? ¿O «Cavalla»?

— Dame un «Tanagra Laurens», Marianito.

Y añadió:

— Acércame el atril y pon en él, para que pueda leerlo, aquel libro que hay allí.

— ¿Cuál señora? ¿El titulado: Enloqueció por un violinista?

— No. Ese otro, que se titula: Las enfermedades de la piel en el Cáucaso.

Enrique Jardiel Poncela. Amor se escribe sin hache

 

ACTIVIDADES

1– Busca una breve biografía de este autor. (puedes consultarla aquí).

2– Explica lo que sucede en este texto. Para poder comprenderlo mejor continua leyendo: “Marianito, el “botones”, obedeció. Colocó el libro en el atril y llevó éste al lado de lady Sylvia. Y lady Sylvia Brums de Arencibia lanzó al techo unos chorritos del humo azul grisáceo en que se consumía el cigarrillo “Tanagra Laurens”, y se engolfó en la lectura del tercer capítulo de “Las enfermedades de la piel en el Cáucaso”.

Entre tanto, seis personas la rodeaban practicándole las siguientes operaciones:

La manicura Elisa le perfeccionaba las uñas de las manos.

El pedicuro Fernández le embellecía las uñas de los pies.

La masajista Asunción le pellizcaba el rostro.

El peluquero monsieur Robert se ocupaba de sus cabellos.

El electromecánico Guzmán le depilaba las axilas.

La doncella Juanita le estropeaba los ojos.

Lady Sylvia Brums de Arencibia, solicitada por aquellas doce manos, se había visto obligada a echarse en una otomana y a adoptar la postura de los condenados al suplicio llamado de la escalera.

3– ¿Te parece un texto coherente? Razona tu respuesta.

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2017-01-28T08:54:54+00:00