Al terminar los juegos

 

Al terminar los juegos
nos quedábamos todos tan cansados
que se olvidaban de mi corto nombre.
Me retiraba entonces de la casa,
secreto lugar.

Allí se oscurecía la arboleda,
las palomas giraban caudalosas
y muy blancas, el mar
era un país lejano
cada vez más de niebla,
y caído en las hojas de los pinos
miraba hacia el misterio de la noche.
Los ojos, grandes y puros,
se cuajaban de puntos invisibles,
crecían las estrellas
con más luz,
y se turbaba el pecho
por la felicidad.

«Palabras a la oscuridad», en Selección propia, Cátedra.

 

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