Adictos al running

Este texto fue utilizado en una de las pruebas para la obtención del título en Graduado en Secundaria Obligatoria de la Comunidad de Canarias. Aparte de ser un tema de actualidad contiene una cantidad importante de tecnicismos y extranjerismos que nos harán reflexionar.

Adictos al ‘running’, la ‘droga’ de moda en la clase media-alta

Por Iván Gil

Los retos deportivos y la capacidad de superación personal generan numerosos beneficiosos, tan-to físicos como psíquicos, pero todo en exceso es malo. ¿Dónde están los límites? ¿El running puede generar una perniciosa dependencia, hasta el punto de convertirse en una adicción? ¿Cuándo se atraviesa la línea entre lo saludable y lo patológico? ¿Cuáles son los síntomas y qué consecuencias acarrea?

El 18% de las personas que practican ejercicio físico con asiduidad son adictas. La adicción a co-rrer no está catalogada como tal en los manuales de diagnóstico clínico, explica el psicólogo experto en adicciones José Antonio Molina. A pesar de su falta de reconocimiento oficial, “sí se puede afirmar que es una realidad porque está ahí. Se trata de una adicción sin sustancia, similar a la vigorexia o al culturismo. Hay un porcentaje de corredores con dependencia que viven obsesionados y llegan a padecer síndrome de abstinencia cuando no pueden realizar ejercicio, enten-dido como malestar, mal humor e irritación”, añade Molina.

Una adicción con una alta prevalencia entre los corredores

La escasa literatura científica existente sobre esta patología, debido a su novedad, hace que cualquier aproximación sea demasiado precipitada. Un proceso similar al de otras adicciones contemporáneas recientemente diagnosticadas, como los trastornos por la adicción al trabajo (workaholic), a las compras (shopaholic), o por la obsesión con el físico (vigorexia).

Los deportes aeróbicos, como el ‘running’, son los que más dependencia generan. Una de las investigaciones pioneras que más luz ha arrojado sobre esta cuestión es la tesis doctoral Adicción al deporte: estandarización de la escala de detección SAS, de la enfermera y psicóloga clínica Virginia Antolín). Según sus conclusiones, el 18% de las personas que practican ejercicio físico con asiduidad son adictas, siendo los deportes aeróbicos, como el running, aunque también el golf o el pádel, los que más dependencia generan. Para llegar a estos resultados, que apuntan una “prevalencia alta”, ha evaluado a cientos de deportistas, focalizándose en su afectación física, psíquica y social.

Las características de esta adicción no difieren en demasía de cualquier otra, incluyendo el síndrome de dependencia, tolerancia y abstinencia. “La adicción al deporte tiene tres fases: una primera en la que se hace por placer; una segunda, en la que el objetivo es mejorar la belleza física, el bienestar, liberarse del estrés o relacionarse con otras personas; y una tercera en la que aparece el abuso y la necesidad de hacer deporte a toda costa, a pesar de que se sepa que puede traer consecuencias negativas”, según aclaraba la autora de la investigación.

¿Qué ocurre en el cerebro para llegar a este punto?

La adicción al deporte, y más concretamente al fenómeno del running, tiene, como también ocurre en las adicciones con substancias, un componente físico y otro ambiental. En lo referente al físico, este se debe a la liberación de endorfinas en nuestro cerebro que, como explica Del Nogal, actúan como un opiáceo endógeno que nos genera bienestar. “Son un refuerzo impresionante que nos anima y nos hace sentirnos bien con nosotros mismos, pero cuando dependemos de ese refuerzo para estar bien corremos el riesgo de depender de él”, añade.

Hay ciertos deportes que, debido a la gran cantidad de adrenalina y otras hormonas que liberan al practicarlos, reducen los niveles de estrés y ayudan a distraer los problemas.

Por estas características, no es de extrañar que en el actual contexto de depresión socioeconómica los desempleados llenen los gimnasios o las carreras pedestres. Es un fenómeno curioso, reconoce el psicólogo experto en adicciones, pero “aunque no llegue a fin de mes, invierto parte de mis ingresos en hacer deporte porque así me siento bien, pues de lo contrario la situación sería todavía menos soportable”.

La ‘droga’ de los directivos y altos ejecutivos

Tiene sentido que las maratones y las pruebas de resistencia, como los triatlones, se hayan puesto de moda entre los ejecutivos, desplazando otras actividades deportivas más tradicionales entre este sector de la población. “Hay ciertos deportes que, debido a la gran cantidad de adrenalina y otras hormonas que liberan al practicarlos, reducen los niveles de estrés, ayudan a distraer los problemas y generan refuerzos que son muy positivos para la gente con trabajos estresantes”.

Ser conscientes de las limitaciones de cada uno es fundamental para no caer en la obsesión por superarse cada día, y ponerse metas muy altas como realizar una ironman cuando uno no está preparado para asumir un reto de estas características. Sin embargo, en el caso de los altos ejecutivos, que trabajan en un mundo ultracompetitivo, es difícil discernir cuándo es suficiente. “Plantearse metas está bien, pero cuando el objetivo es demasiado ambicioso, como saltar de las carreras de diez kilómetros de distancia a una maratón, en muy poco tiempo y sin estar en condiciones, entonces se caerá en la obsesión y comienzas a dedicarte exclusivamente a alcanzar este reto”, apunta Molina.

Fuente: www.elconfidencial.com/

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