Acentúa y pon comas. Ejercicio.

Este ejercicio va destinado a trabajar la acentuación general y la puntuación. En este caso, y para evitar dudas, se ofrece el texto original al final del documento. 

Es imprescindible contar con un raro instrumento del que no se conoce su origen. Es un finisimo palillo de metal con un agujerito en la punta de tamaño microscopico por el que se ha de introducir el hilo. Lo mas apropiado es coger este instrumento con el dedo pulgar y el corazon de la mano izquierda y situandolo a la altura de los ojos tratar de introducir el hilo. No hay que desesperar si esta operacion no se realiza sino despues de arduos y constantes intentos. Algunas personas suelen introducir el hilo en la cavidad situada debajo de la nariz y succionarlo con insistencia llevados por la supersticion de que asi se introducira mas facilmente por el agujerito. Es conveniente situarse en un lugar iluminado preferentemente al pie de una ventana pues las estadisticas aseguran que las posibilidades de exito son mucho mayores que si nos situamos en la oscuridad.

 

 

Una vez introducido el hilo se procurara no dejarse llevar por la excitacion y la alegria propia del caso y a la que son tan proclives los cronopios. Queda todavia la parte mas ardua y complicada de la operacion. Con una mano y procurando que la punta del palito no toque en ningun caso con la otra pues se sentira si no una sensacion de escozor muy desagradable se introduce por uno de los agujeritos de esa especie de platito microscopico que llamamos boton. Esta operacion se repite unas siete veces y despues tomando aliento se procura dar vueltas insistentemente alrededor del hilo que une el boton a la tela. Ya solo queda rematar con exito el fruto de nuestro trabajo y separar el hilo de la prenda elegido. Esto se consigue de diversas formas aunque la mas corriente entre los habitantes de las zonas mediterraneas es introducir de nuevo el hilo en la cavidad antes citada y tratar de seccionarla con los dientes.

 

 

 

Primero se limpia bien la sardina que ha de ser mas bien pequeña pero sin exagerar. Limpiarla bien quiere decir limpiarla bien es decir no conformarse con quitarle la cabeza y las tripas sino tambien desescamarla. Una vez bien limpia se pone en una cazuela mejor de barro bastante aceite y un ajo o dos segun la cantidad de gente y cuando el ajo esta bien frito dorado pero sin quemarlo se aparta del fuego y en ese aceite bien caliente se frien las sardinas para que el aceite las espabile y las ponga tiesas pero sin pasarse. Se apartan y en el aceite se hace un sofrito normal muy poca cebolla y hay quien prefiere no ponerla tomate media cucharadita de pimenton y algo de verdura por ejemplo unos guisantes o tambien unas judias tiernas ya cocidas. Cuando todo esta rehogado se echa el arroz y se sofrie hasta que cambia de color y entonces una de dos o se le echa agua o agua con un cubito de caldo concentrado para que tenga mas sabor. Si se pone un cubito se ha de vigilar la sal porque el cubito ya tiene sal. Cuando el arroz esta casi cocido se le pone por encima las sardinas pimiento morron asado y un picadillo de ajo y perejil. Que haga todo chuf chuf pero no mucho para que las sardinas no se rompan y no queden deshechas. Se le puede poner azafran tostado en vez de pimenton. Y ya esta.

 

Manuel Vazquez Montalban. La rosa de Alejandria.

 

 

Solución a los ejercicios anteriores.

Es imprescindible contar con un raro instrumento del que no se conoce su origen. Es un finísimo palillo de metal con un agujerito en la punta, de tamaño microscópico, por el que se ha de introducir el hilo. Lo más apropiado es coger este instrumento con el dedo pulgar y el corazón de la mano izquierda, y situándolo a la altura de los ojos tratar de introducir el hilo. No hay que desesperar si esta operación no se realiza sino después de arduos y constantes intentos. Algunas personas suelen introducir el hilo en la cavidad situada debajo de la nariz y succionarlo con insistencia llevados por la superstición de que así se introducirá más fácilmente por el agujerito. Es conveniente situarse en un lugar iluminado, preferentemente al pie de una ventana, pues las estadísticas aseguran que las posibilidades de éxito son mucho mayores que si nos situamos en la oscuridad.

 

Una vez introducido el hilo se procurará no dejarse llevar por la excitación y la alegría propia del caso, y a la que son tan proclives los cronopios. Queda todavía la parte más ardua y complicada de la operación. Con una mano, y procurando que la punta del palito no toque en ningún caso con la otra, pues se sentirá si no una sensación de escozor muy desagradable, se introduce por uno de los agujeritos de esa especie de platito microscópico que llamamos botón. Esta operación se repite unas siete veces y después tomando aliento, se procura dar vueltas insistentemente alrededor del hilo que une el botón a la tela. Ya sólo queda rematar con éxito el fruto de nuestro trabajo y separar el hilo de la prenda elegido. Esto se consigue de diversas formas, aunque la más corriente entre los habitantes de las zonas mediterráneas es introducir de nuevo el hilo en la cavidad antes citada y tratar de seccionarla con los dientes.

 

 

Primero se limpia bien la sardina, que ha de ser más bien pequeña, pero sin exagerar. Limpiarla bien quiere decir limpiarla bien, es decir, no conformarse con quitarle la cabeza y las tripas, sino también desescamarla. Una vez bien limpia, se pone en una cazuela, mejor de barro, bastante aceite y un ajo, o dos, según la cantidad de gente, y cuando el ajo está bien frito, dorado, pero sin quemarlo, se aparta del fuego y en ese aceite bien caliente se fríen las sardinas para que el aceite las espabile y las ponga tiesas, pero sin pasarse. Se apartan y en el aceite se hace un sofrito normal, muy poca cebolla, y hay quien prefiere no ponerla, tomate, media cucharadita de pimentón y algo de verdura, por ejemplo unos guisantes o también unas judías tiernas ya cocidas. Cuando todo está rehogado se echa el arroz y se sofríe hasta que cambia de color, y entonces una de dos, o se le echa agua o agua con un cubito de caldo concentrado, para que tenga más sabor. Si se pone un cubito se ha de vigilar la sal porque el cubito ya tiene sal. Cuando el arroz está casi cocido se le pone por encima las sardinas, pimiento morrón asado y un picadillo de ajo y perejil. Que haga todo chuf chuf, pero no mucho para que las sardinas no se rompan y no queden deshechas. Se le puede poner azafrán tostado en vez de pimentón. Y ya está.

 

Manuel Vázquez Montalbán. La rosa de Alejandría.

 

 

 

 

 

 

 

 

Existen 52 tildes y 36 comas.

 

 

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